sábado, 29 de abril de 2017

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Y EL CUENTO (II)


Esa mágica forma de contar


Premio Nobel de Literatura, novelista magistral. Los relatos breves, recorren prácticamente toda su obra literaria, desde sus primeras publicaciones en la prensa colombiana, hasta Memoria de mis putas tristes, su última novela, publicada en 2004. En este artículo, un análisis literario del cuento: Un día de estos.


Por Fernando Chelle


UN DÍA DE ESTOS

Una realidad que no es la del papel, sino que
vive con nosotros y determina cada instante
de nuestras incontables muertes cotidianas,
y que sustenta un manantial de creación
insaciable, pleno de desdicha y de belleza...”

Gabriel García Márquez:
Fragmento del discurso
de aceptación del Premio
Nobel, 1982.


Del libro de Gabriel García Márquez Los funerales de la Mamá grande (publicado por la Universidad Veracruzana de Xalapa en México, en el año 1962), he elegido para el análisis literario, el cuento titulado: Un día de estos.  
(http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/un_dia_de_estos.htm)
Este relato concreto del nobel colombiano, donde nada sobra ni falta, está muy relacionado con el cuento titulado Espuma y nada más (http://www.literatura.us/tellez/espuma.html), del escritor bogotano Hernando Téllez. El cuento de Téllez, publicado en 1950, en el libro titulado Cenizas para el viento y otras historias, habla de un barbero y un capitán, los que serían comparables al dentista y al alcalde militar del cuento de Gabriel García Márquez. Ambos relatos transcurren en la misma época y si bien el de Téllez es más explícito, en cuanto a los papeles que juegan los protagonistas, las dos narraciones aluden inequívocamente al conflicto armado que se vivía en la sociedad.
La línea argumental del cuento que nos ocupa, muestra el encuentro de un dentista empírico y un militar que ejerce como alcalde del pueblo, en un viejo consultorio, donde se lleva a cabo la extracción de una muela. Hay solo tres personajes, dos principales, Don Aurelio Escovar (el dentista) y el alcalde (teniente), finalmente, el hijo del dentista, un personaje secundario que funciona como intermediario entre los dos principales. Tras esta anécdota breve y hasta cotidiana, aparece en el relato un trasfondo de violencia social, corrupción, abuso de poder, tensión y enemistad entre los personajes principales.
Al igual que todos los cuentos de Los funerales de la Mama Grande, este relato presenta algunos diálogos y un narrador omnisciente, que cuenta en tercera persona. Es una narración lineal, que se desarrolla en un único escenario y presenta  una sola acción.
El tema central del relato, es la tregua que se establece dentro del conflicto ideológico, entre el pueblo (representado por el dentista) y el estado (representado por el alcalde), y la inversión de los poderes, donde el pueblo, al menos por un momento, va a imponer sus normas.
Internamente, encontramos tres momentos diferentes en la narración. En un primer momento se nos presenta al dentista y su entorno laboral. Hay un segundo momento, el más extenso, que abarca el diálogo de Escovar con su hijo, la irrupción del alcalde en el consultorio y la extracción de la muela. Finalmente, el tercer momento, muy breve, estaría constituido por el diálogo final de los personajes.
En el comienzo del relato todo parece tranquilo, cotidiano y hasta agradable. El narrador omnisciente, se encarga de contarnos las características del dentista. Es importante el tratamiento que se le da desde el punto de vista narrativo a este personaje (representante del pueblo), de él se nos van a dar detalles significativos, cosa que no se va a hacer con el personaje del alcalde- teniente (representante del estado). El dentista tiene un nombre (Aurelio Escovar), se nos dice que es buen madrugador, trabajador, se lo ve ordenado, metódico y observador.  En esta primera parte de la narración, además de conocer las características del dentista, conocemos el escenario donde se desarrollará el relato. La acción propiamente dicha, correspondiente al segundo momento de la narración, comienza con las palabras del hijo de Escovar. La mediación del niño, de quien solo se oye la voz, y no hace más que trasladar la petición del alcalde, muestra la distancia inamistosa entre los dos personajes. El pedido consiste en un servicio profesional, la extracción de una muela. En un principio, el dentista se niega a recibir al alcalde, y le indica al niño que le diga que no está, pero el alcalde escucha su voz y lo amenaza con pegarle un tiro sino le saca la muela. El hecho de que Escovar se niegue a atender a su visitante y que sienta que es mejor que lo haya escuchado cuando dijo que no quería atenderlo, muestra una clara oposición por parte del dentista al poder que ostenta el militar. Hay elementos en el relato que nos permiten suponer cosas que no están referidas explícitamente. Escovar está armado, esto no solo muestra que está dispuesto a contrariar las órdenes del alcalde, sino que es un ciudadano preparado para acontecimientos militares. Quizá pertenezca a algún grupo de resistencia popular, esto no lo sabemos, aunque más adelante cuando se disponga a extraerle la muela a su indeseado visitante le va a decir que le cobra veinte muertos. Por su parte el militar, actúa con la conducta estereotipada de los de su especie, se muestra prepotente, orgulloso, alguien que quiere imponer su voluntad a través de la violencia. Pero los acontecimientos de la narración no siguieron el rumbo que los lectores estábamos esperando. Escobar, antes de desafiar al alcalde a que haga efectiva su amenaza se cercioró de que su revolver efectivamente estuviera en la gaveta inferior de la mesa. El alcalde por su parte irrumpió en el gabinete después de amenazar concretamente, de manera que lo más lógico hubiera sido que hubiera existido al menos un intercambio de disparos. Pero nada de esto pasó. Cuando el dentista ve las marcas del dolor en la cara del alcalde se compadece de su sufrimiento y es precisamente este sentimiento el que posibilita la prestación del servicio casi con normalidad. El alcalde tampoco se encontraba gustoso con la visita, de otra forma no hubiera pasado cinco noches de tormento, pero seguramente Escovar era el único dentista del pueblo, y aunque empírico, sabía hacer su trabajo.
El conflicto del cuento está vinculado con la salud, no con lo militar y los personajes, en ese terreno, deben tratar de interactuar de la forma más civilizada posible. Esta situación lleva a que en ese viejo consultorio, se inviertan los papeles en lo que respecta al poder. El militar pasa a estar a la merced de lo que pueda decir el dentista y no tiene otra alternativa que obedecer si quiere dejar de sufrir por la muela. Por esta razón, es que dije en la definición del tema del relato, que el pueblo, por un momento, va a imponer sus normas. Porque después, el conflicto social seguirá intacto. El alcalde aliviará su tormento y dejará en claro que es él quien ostenta el poder absoluto en esa sociedad. Conocedor de esa realidad transitoria, Escovar maneja el tiempo y la situación a su favor: hierve los instrumentos, los retira con unas pinzas frías sin ningún apuro, se lava las manos, todo bajo la atenta mirada de un desesperado alcalde. Incluso tiene la excusa perfecta para generarle al militar un sufrimiento extra, como tiene un absceso, la intervención debe ser sin anestesia. Esto puede llegar a ser verdad o no, es algo que queda librado a nuestra imaginación, lo cierto es que el dolor de ese momento para el alcalde sería tan intenso, que el dentista le dice: “Aquí nos paga veinte muertos, teniente”. Es muy significativo que el dentista no le diga alcalde, sino teniente, aludiendo a su condición de militar. Que le cobre veinte muertos, de los cuales este alcalde- teniente seguramente es responsable y que hable de ese cobro en plural, lo que muestra que esos muertos son del pueblo, del que Escovar forma parte. Una vez que el dentista le saca la muela, le ofrece al alcalde con ironía un trapo limpio. Se encarga de especificarle que el trapo es para que se seque las lágrimas, con lo que se crea un contraste entre la situación y la altivez característica del militar.
El último momento del relato está constituido por un mínimo diálogo de los personajes. Allí queda al desnudo la corrupción de esa sociedad violenta. Ese militar, que seguramente se hizo del poder por las armas, que tiene sometida la población y que carga al menos con decenas de muertos, financia sus cuentas personales con las arcas del estado. No tiene ningún tipo de vergüenza de decir que él y el municipio son la misma vaina.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ Y EL CUENTO (I)


Esa mágica forma de contar


Premio Nobel de Literatura, novelista magistral. Los relatos breves, recorren prácticamente toda su obra literaria, desde sus primeras publicaciones en la prensa colombiana, hasta Memoria de mis putas tristes, su última novela, publicada en 2004. En este artículo, y en el próximo: su labor como cuentista, sus diferentes libros de cuentos, Los funerales de la Mama Grande y un análisis literario del cuento: Un día de estos.


Por Fernando Chelle


Gabriel García Márquez y el cuento
Resulta normal, y hasta casi lógico, que al pensar en la figura de Gabriel García Márquez  (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927 Ciudad de México, México, 17 de abril de 2014), lo primero que se nos venga a nuestra mente, sea la imagen del gran novelista, ganador del Premio Nobel de Literatura, en el año 1982. Esto es algo incuestionable, porque desde La hojarasca (1955), hasta Memoria de mis putas tristes (2004), pasando por la mítica Cien años de soledad (1967), o por cualquiera de sus otras siete novelas, el escritor colombiano se ganó, tanto dentro de la crítica literaria, como entre los lectores, el reconocimiento de gran novelista. No obstante esto, se podría decir, que lo que forma la base de su gran literatura, son los relatos cortos, los cuentos. Las historias breves, dentro de la literatura de Gabo, están presentes, no solo en los cuatro libros de cuentos que encontramos dentro de su obra, sino también en la gran mayoría de novelas, en los guiones cinematográficos y en su vasta obra periodística.  El propio autor reconoció, en más de una oportunidad, que para él son las “pequeñas historias” las que hacen interesante y fantástico al mundo. En su libro de memorias, Vivir para contarla (2002), como en numerosas entrevistas, García Márquez refirió como las anécdotas de antiguas guerras referidas por su abuelo, un coronel a quien llamaba Papalelo y los relatos fantásticos de apariciones que le contaban las mujeres de su casa, se conjugaron en su mente y pasaron a ser un material primario e importantísimo de su universo literario. Si bien es cierto que García Márquez comenzó su andanada literaria, como tantos otros escritores, con la poesía y después escribió algunos comentarios humorísticos, las primeras producciones literarias importantes fueron sus cuentos. El primero que registran sus memorias, es el titulado Psicosis obsesiva, un relato fantástico, de su época de estudiante de bachillerato en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá. A partir del año 1947, el más reconocido de los autores colombianos, comienza a escribir relatos breves, cuentos, de forma más sistemática. Los primeros, fueron publicados por el diario El Espectador de Bogotá, van desde el año 1947, con la publicación de La tercera resignación, el 13 de septiembre de 1947, hasta el año 1955. Estos primeros relatos, fueron reunidos y publicados en forma de libro, recién en el año 1974, en la obra titulada Ojos de perro azul. Posteriormente a la etapa bogotana, encontramos los relatos escritos en la costa colombiana, cuando García Márquez se desempeñaba como periodista en Cartagena de Indias y en Barranquilla. De esta época es el cuento Un día después del sábado, relato que obtuvo el primer premio de un  concurso organizado por la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, y que figura en el libro Tres cuentos colombianos, publicado en el año 1954. Del año 1959, cuando García Márquez ya se encontraba nuevamente radicado en Bogotá, es el cuento Los funerales de la Mamá Grande. Este relato extenso, antecedente claro de Cien años de soledad, forma parte de un libro que lleva su mismo nombre, publicado en el año 1962. En esta última obra, me detendré más adelante, porque de ella forma parte el cuento Un día de estos, relato que analizaré y comentaré  literariamente. A finales  de la década del 60, el Nobel colombiano, comenzó a escribir una serie de cuentos, que algunos estudiosos de su obra dicen que estaban destinados a un libro de historias infantiles que nunca publicó. Estos relatos, junto con otras historias, pensadas en un principio como guiones cinematográficos, fueron publicados en el año 1972, bajo el título de: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada. El último libro de cuentos de Gabriel García Márquez se publicó en el año 1992, bajo el título de Doce cuentos peregrinos. Son relatos de inmigrantes latinoamericanos en el viejo continente, un libro que  García Márquez decidió publicar el año  en que se festejaron los 500 años de la llegada de los europeos al continente americano.

Los funerales de la Mamá Grande
Los  funerales de la Mama Grande, es el primer libro de cuentos, publicado por el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en el año 1962. Si bien no fueron los primeros cuentos escritos por el Nobel, como se refirió en el apartado anterior de este artículo, sí son los primeros publicados en forma de libro. En la obra se reúnen ocho cuentos, todos breves a excepción de Los funerales de la Mama Grande, el relato que cierra y da nombre al libro, texto que algunos críticos prefieren catalogar, más que como un cuento, como una novela corta. En este libro, aparece nuevamente como escenario el pueblo Macondo, ya lo habíamos visto en La hojarasca (1955), su primera novela, y lo volveremos a ver en su obra más conocida, Cien años de soledad (1967). Mario Benedetti, dijo en 1972, que este libro de cuentos, funcionó dentro de la obra de Gabriel García Márquez como un “trampolín para el gran salto imaginativo” que supuso la escritura de Cien años de soledad. Es una gran verdad, porque no solo el escenario de Macondo, funciona en este libro como un antecedente de Cien años de soledad, también se encuentran personajes como el coronel Aureliano Buendía y su hermano José Arcadio. Hay también, algunas historias que García Márquez abordará en La mala hora, una novela publicada el mismo año 1962, y cinco años después, en Cien años de soledad. Los funerales de la Mama grande, es un libro en el que ya aparecen los elementos propios del realismo mágico, que tanto caracterizarán a algunas de las obras posteriores del escritor colombiano. Diferentes historias que superan lo real y verosímil transcurren en medio de una atmósfera de intenso calor.  Una mujer  que fallece a los noventa y dos años,  virgen,  y a sus funerales concurre el presidente de la República y el Papa; un cura que dice haber visto al diablo y numerosos pájaros que caen sobre el poblado, rompiendo mosquiteros y alambradas, constituyen algunas de las historias que se desarrollan en la obra. Todos los cuentos presentan un narrador omnisciente, que cuenta las historias de forma ordenada, lo que permite una lectura ágil. Como es característico dentro de la literatura garciamarquiana, hay muy pocos diálogos y monólogos. Se le da mucha importancia a las descripciones de los ambientes donde transcurren las acciones, pero las descripciones, casi siempre están insertas en las mismas narraciones. En cuanto a la temática que presentan los relatos, es perceptible una sociedad en conflicto, injusta, desigual, sometida a las arbitrariedades del poder. Por las páginas del libro desfilan, tanto los personajes marginados como los privilegiados. Encontramos desde viudas, ladrones, carpinteros, y dentistas, hasta alcaldes, tenientes, médicos y sacerdotes.   

UN HOMBRE MUERTO A PUNTAPIÉS, CUENTO DE PABLO PALACIO


Cuando la intolerancia hacia lo diferente se vuelve violencia

A partir de la lectura de una noticia en la crónica roja del Diario de la Tarde, un ciudadano, que dice interesarse por la justicia, emprenderá una investigación que lo llevará a obtener algunas respuestas. Desde la primera lectura en la prensa, hasta la reconstrucción final de los hechos basada en las especulaciones del ciudadano investigador, el relato irá mostrando diversos temas, por ejemplo, la manipulación mediática, el deseo, la vergüenza y los miedos de una sociedad intolerante y violenta con lo diferente.

Por Fernando Chelle


Un hombre muerto a puntapiés, es un cuento del escritor ecuatoriano Pablo Palacio (Loja, Ecuador, 25 de enero de 1906 - Guayaquil, Ecuador, 7 de enero de 1947). Este relato, que da nombre al libro publicado en el año 1927 por la imprenta de la Universidad Central en la ciudad de Quito, además de ser el texto más emblemático de Palacio, es uno de los cuentos más representativos de la literatura ecuatoriana del siglo XX.
Un hombre muerto a puntapiés (el libro), está compuesto de nueve relatos, la mayoría de ellos giran en torno a aspectos relacionados con el mundo jurídico. Esta primera obra del joven Pablo Palacio, que la escribe con apenas 20 años, después de graduarse de abogado, está muy influenciada por su formación académica. Son textos con los que Palacio, mediante un buen manejo del material narrativo, pretende provocar, a veces con cinismo, a veces con humor negro, las costumbres pacatas y provincianas de la sociedad de su época, dejando al desnudo las miserias de la cotidianeidad.
El relato que analizaré en profundidad tiene como tema central la agresión, las conductas violentas y las problemáticas sociales que derivaban de la intolerancia a la aceptación de opciones sexuales diferentes, en el Quito que le tocó vivir a Pablo Palacio. El cuento transcurre en una época histórica, donde en Ecuador, la homosexualidad estaba calificada como un delito, de este detalle se desprenden algunos otros temas secundarios presentes en el relato, como, por ejemplo, la vergüenza, el ocultamiento y lo tendencioso de los medios de comunicación.
En líneas generales el argumento es el siguiente: el personaje-narrador lee en el periódico que un hombre ha muerto a puntapiés. No hay detalles del incidente, sin embargo, la noticia hace referencia a que la víctima era “vicioso”. El narrador se obsesiona en investigar los hechos que llevaron al homicidio, pero solo contará para su investigación, con el dato de que el hombre era “vicioso” y con dos fotografías que le facilita el Comisario. La investigación comienza por establecer cuál era el vicio que llevó a Octavio Ramírez (el hombre muerto a puntapiés) a ese trágico fin. Al final, el narrador-personaje, después de considerar el método investigativo que utilizaría, especula y se deja llevar por la imaginación, concluyendo que Octavio Ramírez era homosexual y que el padre de un joven quiteño, lo había matado de esa manera, porque Ramírez había acosado a su hijo de 14 años.
Internamente, podríamos dividir el relato en ocho pequeños momentos, donde cada uno de ellos tiene un centro de interés específico del cual se ocupa.
1) Información de la crónica roja del Diario de la Tarde. 2) Decisión de investigar. 3)  Metodología a utilizar en la investigación. 4) El vicio. 5) Las fotografías. 6) El estudio investigativo. 7) Conclusiones a las que llega el personaje-narrador. 8) La reconstrucción de los hechos sucedidos.
El cuento comienza con la reproducción de una noticia periodística. El narrador-personaje nos muestra a los lectores la noticia tal cual él la leyó en la crónica roja del Diario de la Tarde, para que seamos testigos, del material sobre el cual investigará más adelante en el relato. Esto hace que este primer momento de la estructura interna, sea el único que esté narrado en tercera persona, porque la voz, es la reproducción de la del periódico, por ejemplo "Procuraremos tener a nuestros lectores al corriente de cuanto se sepa a propósito de este misterioso hecho”.
Los hechos contados en la noticia son anteriores al desarrollo de la acción del relato, ya que el narrador-personaje lee la noticia el día después. La crónica roja comienza con la palabra “anoche” y en el segundo párrafo, se dice “esta mañana”. El informe en concreto hace referencia a las declaraciones de Ramírez, quien dijo haber sido víctima de una golpiza por parte de unos individuos, después de haberles pedido un cigarrillo. El incidente tuvo lugar entre las calles Escobedo y García y luego se condujo al herido a la policía. En el segundo párrafo de este primer momento, donde ya se habla de un Ramírez difunto, se encuentra el enunciado más importante del relato, ya que de la lectura del mismo es que el personaje narrador comenzará la investigación: “Lo único que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso”.
El interés del narrador-personaje en esclarecer los hechos, se ve en el seguimiento que hace de la prensa en busca de información de la noticia. No decide comenzar la investigación inmediatamente, sino cuando ya han pasado diez días de los acontecimientos. A partir de este segundo momento, el tiempo de la acción del relato va a coincidir con el de la narración. Se pasa a utilizar definitivamente la primera persona del singular, quien toma la voz narrativa es el personaje-narrador, un narrador homodiegético (cuenta la historia desde dentro), y también autodiegético (es un personaje). Se propone averiguar, desde su casa, las razones que movieron a unos individuos a atacar a otro a puntapiés. El hecho de que ría a satisfacción y que le parezca graciosa la muerte de una persona en esas circunstancias, es muestra, que este personaje-narrador, presenta una complejidad psicológica bastante particular. Dice haber querido realizar un estudio experimental del hecho y luego haber descartado esa posibilidad, por parecerle más interesante estudiar las razones que llevaron a unos individuos a actuar de la manera que lo hicieron. Una vez resuelto ese punto, al mejor estilo Arthur Conan Doyle, encenderá su pipa, la que será un leitmotiv en la narración, y comenzará a investigar. Así pasamos al tercer momento de la estructura interna del relato, que se centrará en la metodología a utilizar en la investigación. El personaje-narrador se inclina por el método inductivo, que parte de lo menos conocido a lo más conocido, porque en realidad conoce poco del hecho a investigar, como para comenzar a deducir.
Decidido a investigar, incluso con la metodología elegida, el personaje-narrador se queda por un momento paralizado sin saber qué hacer. En la relectura del Diario de la Tarde, del día 13 de enero, reparará en el dato fundamental: “Lo único que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso”. La interpretación de este dato, que al final de este cuarto momento el personaje investigador ya parece haber resuelto de forma intuitiva, es la que desencadenará las acciones siguientes de la narración.
El quinto momento de la estructura interna está centrado en la búsqueda de la verdad y es aquí donde aparecen las dos fotografías, que serán, junto al dato de que Ramírez era vicioso, los únicos elementos con que contará el personaje-narrador para llevar adelante la investigación. Hay un cambio de escenario, la acción transcurre en la Comisaría 6ª, pero el comisario, aparte de facilitar las fotos, no ayuda demasiado con la investigación, porque no da respuestas concretas sobre las características del difunto.
En el sexto momento asistimos a un nuevo cambio de escenario, la acción regresa a la casa del personaje-narrador. Allí, este se encerrará en el estudio, volverá a encender la pipa y se centrará en el análisis de las fotografías. A partir del repaso reiterado de las dos imágenes, realiza un dibujo del difunto Ramírez que tiene características femeninas, y es a partir de ahí, que confirma cual era el vicio de Ramírez. Esto lo lleva a ensañarse con el difunto, lo que vuelve a mostrar la complejidad psicológica de este personaje. Este momento se cierra con las palabras del protagonista, repitiendo la interrogante central de la investigación: Yo trataba... trataba de saber por qué lo mataron; sí, por qué lo mataron...”.
Inmediatamente después de que el personaje-narrador se repita esa interrogante, el relato da un viraje un tanto radical y asistimos a las conclusiones a las que llega, que serán, el centro de interés del séptimo momento. Está convencido de que Ramírez mintió, porque es ilógico que a alguien lo agredan de esa forma por el simple hecho de pedir un cigarrillo. Ramírez seguramente había mentido porque no podía decir la verdad y esto seguramente estaba relacionado con su vicio. A partir de esa certeza, el personaje-narrador se irá planteando y desechando diferentes suposiciones. Luego, a partir de algunos elementos verdaderos y otros posibles, va a reconstruir la personalidad de Ramírez.
En el octavo y último momento de la estructura interna, que se centra en la reconstrucción de los hechos sucedidos, se retoma nuevamente el tono periodístico del comienzo de la narración, con la diferencia de que los datos que se manejan en este momento son supuestos. El personaje-narrador hace referencia al lugar donde vivía Ramírez, luego nos lo muestra deseoso, necesitado, alterado por sus pasiones, hasta que llega al lugar donde sucederá el ataque. Ramírez, víctima de esa necesidad, después de coquetear con algunos hombres con los que se cruza fortuitamente, busca satisfacer sus deseos con un joven de 14 años. Este, al sentirse tomado por Ramírez, grita buscando la ayuda de su padre, y es cuando vuelve a aparecer un obrero de grandes dimensiones, que el narrador-personaje se había tomado el trabajo de describir, haciendo notar, los tacos anchos de sus zapatos. Después de interrogar con un insulto a Ramírez, el obrero le propina los tres puntapiés que terminarán resultando fatales. La psicología compleja del personaje-narrador, que cuando leyó la noticia le pareció graciosa, que se ensañó con Ramírez cuando descubrió cuál era su vicio, se pone en este último momento del lado del agresor y disfruta del cruel ataque, que a la postre, lleva a la muerte de Octavio Ramírez.

A modo de conclusión
En sucesivos pasajes del relato hice referencia a la complejidad psicológica del personaje-narrador, complejidad que podríamos vincular con la de una personalidad enfermiza. El resultado al que llega este personaje, que dice interesarse por la justicia, es uno de los tantos posibles, ya que su investigación estuvo basada fundamentalmente en conjeturas, especulaciones y suposiciones. La noticia en sí, reproducida en el primer momento de la estructura interna, no es clara, deja lugar a la especulación, y de eso se sirvió el personaje-narrador, poniendo como motor de su investigación debelar el “vicio” de Ramírez.
La genialidad de Pablo Palacio en este relato, además de crear ese personaje-narrador tan complejo y particular, radica en que supo transmitirnos los deseos, las pasiones y los tormentos de Ramírez, el temor del muchacho de 14 años y la rabia de su padre, el obrero quiteño.
Para terminar, y como conclusión, creo que la lectura, hoy, de “Un hombre muerto a puntapiés”, un relato que está próximo a cumplir 90 años, nos debería llevar al menos a la siguiente pregunta:
¿hemos avanzado como humanidad en la integración social de personas con opciones sexuales diferentes?
Evidentemente que desde la fecha de publicación del relato al día de hoy se ha avanzado mucho, pero aún falta, para que personas como Ramírez no vivan la tragedia de ser condenados por aquellos que, por sus prejuicios, temen, marginan o rechazan, todo lo que resulta diferente a lo socialmente aceptado como válido.

 Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

SENSINI, CUENTO DE ROBERTO BOLAÑO


Cuando la literatura, en lugar de buscar la gloria, busca pagar los porotos

A través de su alter ego preferido, Roberto Bolaño nos muestra cómo era la vida de dos escritores latinoamericanos exiliados en España, en la época de las dictaduras del Cono Sur. En esas circunstancias, la creación literaria, en lugar de buscar la gloria y el reconocimiento, buscaba ser un incentivo económico que permitiera palear la situación de necesidades cotidianas. Los concursos, las relaciones sociales, el exilio, todo se encuentra en este cuento del autor de Los detectives salvajes.

Por Fernando Chelle


Continuando con mi viaje a través del  vasto, rico y diverso mundo del cuento latinoamericano, hoy me detendré en Chile. Trabajaré con el cuento titulado Sensini, del escritor Roberto Bolaño (Santiago de Chile, Chile, 28 de abril de 1953 - Barcelona, España, 15 de julio de 2003), perteneciente al libro Llamadas telefónicas, publicado en la ciudad de Barcelona en el año 1997 por la Editorial Anagrama.
Llamadas telefónicas, libro ganador del Premio Municipal de Santiago de Chile, fue el primero de los cuatro libros de cuentos de Roberto Bolaño, le siguieron: Putas asesinas (2001) y los dos libros publicados póstumamente, El gaucho insufrible (2003) y El secreto del mal (2007). Los cuentos de Bolaño también fueron reunidos en una obra titulada precisamente Cuentos, publicada en el año 2013 por la Editorial Anagrama en Barcelona, España. Pero detengámonos por un momento en el libro Llamadas telefónicas, para luego entrar de lleno en el comentario de Sensini. Este primer libro de Bolaño, dedicado a su esposa Carolina López, consta de catorce cuentos y está dividido en tres partes. El escritor decidió titular cada una de las partes del libro, igual que el título del cuento que la cierra, por ejemplo, la primera parte se titula Llamadas telefónicas, como el quinto cuento. Lo preceden los cuentos Sensini, Henri Simon Leprince, Enrique Martín y Una aventura literaria. Esta primera parte es la que me interesa, no solo porque es donde se encuentra Sensini y el Bolaño metaliterario, sino porque cuatro de los cinco cuentos que la componen tienen como tema central el quehacer literario y los protagonistas son escritores. Dejando de lado a Sensini, del que me ocuparé con detenimiento en el artículo, en Henri Simon Leprince, el protagonista es un escritor frustrado, con pocos amigos y una escasa difusión; Enrique Martín, es otro desdichado protagonista, un poeta que se termina ahorcando en su propia librería; Una aventura literaria, nos muestra un enfrentamiento crítico de dos escritores antagónicos que intercambian apreciaciones; Llamadas telefónicas, el cuento que da título a esta primera parte y también al libro es una simple historia de desamor que incluye la muerte de una de las partes, no es un cuento que aborde el tema literario. Tampoco abordan el tema literario la segunda parte del libro, titulada Detectives, de característica policíaca e investigativa, ni la tercera parte, titulada Anne Moore, que se centra en historias cuyas protagonistas son mujeres.
En Sensini, el cuento con que se abre Llamadas Telefónicas, conocemos, a través de Arturo Belano (el alter ego preferido de Roberto Bolaño), al escritor incansable y batallador, ese que para completar los escasos ahorros que le había dejado un trabajo de vigilante nocturno en un camping se presentaba a diferentes concursos literarios de las distintas regiones de España. Este cuento, ganador del Premio de Narración Ciudad de San Sebastián, transcurre en el tiempo en que Roberto Bolaño vivió en Girona y Barcelona, donde se relacionó con otros escritores latinoamericanos exiliados.
La temática del cuento es el relacionamiento entre la creación literaria y el mercado y gira en torno a los concursos literarios. Desnuda la realidad que tienen que enfrentar dos escritores no consagrados en el exilio, que buscan en los concursos literarios de provincia, no la gloria y el reconocimiento, sino más bien un incentivo económico que les permita palear la situación de necesidades que pasan a diario. En el intercambio epistolar de estos escritores, queda al descubierto la poca seriedad de esos concursos provinciales, donde los jurados no leen completas las obras y a veces ni siquiera las leen. Esto lleva a que los creadores también se aprovechen de la situación irregular y no reparen en mandar a más de un concurso el mismo cuento con distinto título. En ese contexto social y literario, las obras pasan a tener una finalidad pragmática y, como si se tratara de caballos de carrera, los escritores las envían a concursar por las distintas pistas del territorio español, con la esperanza de alzarse con la mayor cantidad de premios posibles. Es un relato con un fuerte componente autobiográfico que nos permite imaginar la gestación de algunas de las obras de Bolaño, y por otro lado también nos muestra las dificultades a las que se tuvo que enfrentar el escritor en ciertos momentos de su vida. Los protagonistas son fácilmente identificables, por un lado Roberto Bolaño (Arturo Belano), quien ocupa el lugar de narrador protagonista, un joven chileno exiliado en España, y por otro lado Antonio Di Benedetto (Sensini), escritor que, del mismo modo que como ocurre en la ficción, estaba exiliado en España. La relación epistolar entre Antonio Di Benedetto y Roberto Bolaño fue realmente histórica, existió, y es precisamente de esa relación de donde tomó su material narrativo el escritor chileno. Si bien el cuento forma parte de Llamadas telefónicas, y fue publicado en el año 1997, la historia que se cuenta allí es de finales de los setenta o principio de los ochenta. Tomando en cuenta este aspecto autobiográfico, vemos como Sensini es una especie de juego ficcional donde se superponen los diferentes planos. Hay un Bolaño autor que es quien firma la obra, que inventa un Belano narrador, inspirado a su vez en un Bolaño autor. El autor inventa un narrador que cuenta como hizo para escribir lo que finalmente se termina publicando y que es en definitiva lo que los lectores leemos, una especie de cajas chinas. Hecha esta apreciación fundamental, me detendré en algunos aspectos del argumento del relato.
Sensini es un relato en primera persona, contado por un narrador protagonista. Presenta una estructura clásica, donde los acontecimientos siguen un orden cronológico.
Un joven escritor chileno de veinticinco años, radicado en España, luego de participar en un concurso literario donde obtiene una mención, descubre que Luis Antonio Sensini, un escritor argentino al cual admiraba, también había participado del concurso y al igual que él había obtenido una mención, con la diferencia que el cuento de Sensini era superior incluso que el cuento ganador. Arturo Belano, que así se llama el joven protagonista, decide pedir a la organización del concurso la dirección de Sensini. Una vez que la obtiene, le escribe una carta donde le expresa su admiración y comenta algunos aspectos del concurso. A las dos semanas, Belano recibe una carta de Sensini, que constituye el comienzo de una relación epistolar. En las primeras cartas intercambian información básica, fundamentalmente hablan de los concursos literarios. El escritor argentino, anima al narrador a que no deje de participar. Con el tiempo la relación epistolar va ganando confianza y Sensini comienza a contarle a Belano diferentes aspectos de su vida, por ejemplo que vivía con su esposa y una hija y que tenía un hijo de un matrimonio anterior, el cual se encontraba supuestamente perdido por Sudamérica. Le cuenta también sobre su precaria condición económica. Por su parte Belano, trata de meterse cada vez más en el mundo de Sensini y comienza a leer y releer todo lo que puede del autor argentino. En un momento, por iniciativa de Belano, interesado en conocer a la hija de Sensini, los escritores intercambian fotografías. En una carta Sensini le refiere al narrador, que aparentemente habían encontrado el cadáver de su hijo en una fosa común de un cementerio clandestino. Un tiempo después, cuando Belano vuelve a Girona tras una ausencia, encuentra una carta de Sensini, donde este le informa que había decidido volver a la Argentina. Había caído la dictadura y allí seguramente podría encontrar más pistas sobre su hijo Gregorio. Volvía con su mujer, en tanto su hija permanecería en España. Belano decide contactarse con la hija de su amigo epistolar, pero no lo consigue. Dos años más tarde, le llega la noticia de que Sensini ha muerto y le parece lógico que el escritor haya decidido irse a morir a su país. Al poco tiempo, una noche golpean la puerta de su casa, era Miranda Sensini con un acompañante. Belano prepara una cena y arregla una habitación para los visitantes que se encontraban viajando por Europa. Una vez que los visitantes se van a acostar, Belano, como no puede dormir, se pone a mirar televisión y recuerda a Sensini. En un momento Miranda Sensini, que tampoco podía dormir, baja de su habitación y se pone a conversar con el escritor. Hablan de Sensini, de su último tiempo de vida, de lo que lo admiraban algunos autores consagrados y de lo poco que se lo reconocía, de los concursos que había ganado y de lo feliz que había sido con la relación epistolar mantenida con Belano.
Dos escritores exiliados
Para terminar el artículo, citaré algunos pasajes del cuento que hacen referencia a la condición de exiliado de los personajes. El cuento en sí, con ese valor autobiográfico referido, es un extenso testimonio del intercambio epistolar de dos autores exiliados de sus propios países. Arturo Belano comienza el relato dejando en claro desde el principio su condición de exiliado, de ajeno al lugar:
“Casi no tenía amigos y lo único que hacía era escribir y dar largos paseos que comenzaban a las siete de la tarde, tras despertar, momento en el cual mi cuerpo experimentaba algo semejante al jetlag, una sensación de estar y no estar, de distancia con respecto a lo que me rodeaba, de indefinida fragilidad”
Y es, desde esa condición de ajenidad del lugar, desde donde el narrador va a contar su historia. Pero también en el relato están presentes, al menos en el recuerdo, las patrias que se han tenido que abandonar por culpa de la violencia. En la primera carta que Belano envía a Sensini, ya se refiere al aspecto político:
“de la situación política chilena y argentina (todavía estaban bien establecidas ambas dictaduras), de la vida en España y de la vida en general”
A partir de esta carta seremos testigos, no solo de la correspondencia entre dos escritores, también  seremos testigos de la correspondencia entre dos latinoamericanos exiliados en España. La patria de Sensini está presente en sus cuentos:
“Éstos, aunque trataban sobre una gama variada de temas y situaciones, generalmente se desarrollaban en el campo, en la pampa, y eran lo que al menos antiguamente se llamaban historias de hombres a caballo.”
La amistad surge entre estos personajes porque existe una identificación casi total del uno con el otro. Las condiciones de vida a las que se enfrentaban eran muy similares, de ahí la empatía. Las cartas les sirven a estos personajes para estimularse mutuamente, reflexionar sobre sus vidas y sobre el mundo literario que también tienen que compartir.
Un aspecto destacable de la vida de Sensini es que carga con un dolor tremendo por la desaparición de su hijo, un joven periodista de treinta y cinco años. Belano, escribe un poema donde se refiere al caso de Gregorio y a la realidad política latinoamericana:
“En el ínterin recuerdo que escribí un poema muy largo, muy malo, lleno de voces y de rostros que parecían distintos pero que sólo eran uno, el rostro de Miranda Sensini, y que cuando yo por fin podía reconocerlo, nombrarlo, decirle Miranda, soy yo, el amigo epistolar de tu padre, ella se daba media vuelta y echaba a correr en busca de su hermano, Gregorio Samsa, en busca de los ojos de Gregorio Samsa que brillaban al fondo de un corredor en tinieblas donde se movían imperceptiblemente los bultos oscuros del terror latinoamericano”.
Después de un tiempo de interrumpida la relación epistolar, cuando Belano se entera de la muerte de Sensini en Argentina, expresa:
“No sé por qué, el que Sensini volviera a Buenos Aires a morir me pareció lógico”.
Esta es una reflexión de quien también es exiliado, por eso es que encuentra sentido en la elección de Sensini. Volver al país de origen significa, para un exiliado político, volver a lo que le es propio y que le ha sido arrebatado.
La reflexión sobre la soledad de Belano en ese país ajeno, que como vimos aparece referida desde el principio del relato, vuelve a aparecer también al final, cuando Miranda Sensini lo va a visitar a su casa. Cuando la muchacha toca la puerta, Belano piensa:
“Ninguna de las pocas personas que conocía en Girona hubiera ido a mi casa a no ser que ocurriera algo fuera de lo normal”.

Es otra de las tantas frases que muestra la realidad del exiliado. No es fácil integrarse a la sociedad cuando se es extranjero, cuando no se tienen los contactos que pueden llegar a tener los habitantes del lugar. Por eso es que Belano trabajaba de lo que fuera e intentaba ganar premios literarios, intentaba sobrevivir consciente de su condición de ajenidad, condición que compartía con el escritor en el cual se podía reflejar, Luis Antonio Sensini.


Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

EL POZO, CUENTO DE AUGUSTO CÉSPEDES


Cuando el primer objetivo es saciar la sed

Las páginas escogidas del diario del suboficial boliviano Miguel Navajo, nos muestran la realidad trágica de un grupo de soldados bolivianos durante la Guerra del Chaco. En ellas conocemos las anécdotas alrededor de la excavación de un pozo estéril y el combate que se libra por su posesión. Al leer El pozo, nos enfrentamos a un relato magistral, que muestra, la cara más absurda de una guerra inútil.

Por Fernando Chelle


Hace unos cuatro meses, aproximadamente, publiqué un estudio del cuento La excavación, perteneciente al libro El trueno entre las hojas (1953), del escritor Augusto Roa Bastos (Asunción, Paraguay, 13 de junio de 1917 – ídem, 26 de abril de 2005). Allí, el Cervantes paraguayo, nos da a conocer la historia del recluso Perucho Rodi, un antiguo combatiente de la Guerra del Chaco, que se encuentra recluido, en condiciones infrahumanas en una cárcel paraguaya. Si bien en ese relato, Roa Bastos no se centra en el conflicto bélico que mantuvieron paraguayos y bolivianos, sino en la lucha de Rodi por alcanzar la libertad, la guerra es un telón de fondo, ya que Rodi, en sus momentos de asfixia y alucinaciones recuerda su etapa de combatiente en el Chaco. Allí, en el frente de Gondra, había excavado un túnel de ochenta metros desde su trinchera hasta la parte posterior de la retaguardia de los bolivianos, estrategia con que los paraguayos lograron tomar por sorpresa al enemigo y por ende lograron ganar esa batalla. Pero mi interés ahora, no es detenerme en el análisis de ese relato paraguayo, sino que hago referencia a él, por el simple hecho de que, en el presente artículo, trabajaré con una ficción con el mismo telón de fondo, pero visto desde el otro bando, trabajaré con un cuento boliviano.
El autor que he elegido para el estudio es Augusto Céspedes (Cochabamba, Bolivia, 6 de febrero de 1904 - La Paz, Bolivia, 9 de mayo de 1997), de quien analizaré el relato titulado El Pozo, perteneciente a su libro Sangre de mestizos, publicado en Santiago de Chile, en el año 1936 por Ediciones Ercilla. Libro y cuento, considerados “joyas insuperables de la literatura de postguerra”, por el referido Augusto Roa Bastos. [1] 
Sangre de mestizos es el primer libro de Augusto Céspedes. Vio la luz inmediatamente después de finalizada la Guerra del Chaco, que enfrentó a bolivianos y paraguayos entre los años 1932 y 1935. Es considerado por gran parte de la crítica literaria uno de los mejores libros de cuentos de la literatura boliviana. Se podría decir que Céspedes, quien participó activamente en el conflicto bélico, primero como corresponsal del vespertino El Universal (1933 - 1934) y luego como combatiente (1934 - 1935), escribió estos relatos durante el propio conflicto, ya sea, desde la retaguardia o desde el campo de batalla. Es una obra que forma parte, fundacional si se quiere, de la extensa narrativa que se refiere a la Guerra del Chaco, que tan fecunda ha sido, dentro de las letras bolivianas y también de las paraguayas. La obra consta de nueve relatos, en donde siempre un personaje mestizo narra de forma detallada la realidad vivida en la guerra. En esas historias de vida y de guerra que presenta la obra, Céspedes muestra lo trágico del conflicto, las tácticas militares, las debilidades de los hombres que intervienen en la contienda, hace crítica social, y por momentos, hasta poesía.  
Si bien al comienzo del artículo hice referencia al cuento de Roa Bastos, para mostrar, digámoslo así, la otra cara de una moneda que se completará en el presente trabajo, lo cierto es que, como lectores, en el cuento de Céspedes nos adentramos muchísimo más en las vivencias de esa guerra absurda entre bolivianos y paraguayos. En el libro del boliviano, y en el cuento en particular, conocemos las características de esa tierra inhóspita, de clima caliente y seco, despoblada, cubierta solamente de bosque autóctono, donde se carecía de agua dulce y por tal razón el acceso a pozos y lagos pasaba a ser estratégico para la guerra. Este tema, el de la falta de agua, que será la columna vertebral del relato que analizaremos, aparece mencionado por Eduardo Galeano, en Memoria del fuego, como el principal causante de muerte de los soldados.

Están en guerra Bolivia y el Paraguay. Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa. Escondidas entre los pliegues de ambas banderas, la Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputan el posible petróleo del Chaco. Metidos en la guerra, paraguayos y bolivianos están obligados a odiarse en nombre de una tierra que no aman, que nadie ama: el Chaco es un desierto gris, habitado por espinas y serpientes, sin un pájaro cantor ni una huella de gente. Todo tiene sed en este mundo de espanto. Las mariposas se apiñan, desesperadas, sobre las pocas gotas de agua. Los bolivianos vienen de la heladera al horno: han sido arrancados de las cumbres de los Andes y arrojados a estos calcinados matorrales. Aquí mueren de bala, pero más mueren de sed… [2] 

El pozo

Sobre la configuración estructural del relato
El texto se encuentra dividido en tres partes, encabezadas por números romanos la segunda y la tercera, no entiendo por qué no la primera, si es que ha sido un descuido de Céspedes o qué, lo cierto es que no aparece numerada. La primera parte abarca la explicación que hace el suboficial boliviano Miguel Navajo de su condición actual y la decisión de darnos a conocer la historia de un pozo, escogiendo algunos pasajes de su diario personal. En esta primera parte del relato se citan diferentes días del diario, que muestran como es la vida de unos sacrificados zapadores, en medio de un lugar inhóspito, sin agua, donde viven acechados por el sol y el polvo. Se cierra la primera parte de la narración con la referencia al hallazgo de un pozo, elemento que será el centro de interés del segundo momento. La segunda parte del relato, la más extensa, comienza el día 2 de marzo. En esta parte conoceremos de cerca las desdichas y esperanzas de un grupo de soldados bolivianos en torno a un pozo estéril del que buscan inútilmente sacar agua. La tercera y última parte del relato, que cita únicamente la fecha del 7 de diciembre, cuenta el sangriento y desdichado desenlace en torno a la defensa de un pozo estéril e inútil, como esa propia guerra.

Líneas generales del argumento
El relato contiene la reproducción de algunas páginas escogidas del diario del suboficial boliviano Miguel Navajo. En el comienzo de la narración, desde un presente, Navajo nos cuenta de su estado actual, nos dice que lleva 50 días con avitaminosis beribérica internado en el hospital de Tarairí y nos informa que estuvo dos años y medio en campaña. Aclara que a pesar de padecer esa enfermedad y de haber recibido un balazo en las costillas el año anterior, no ha podido lograr que lo liberen y lo envíen de regreso a La Paz. Como se aburre de su situación en el hospital, Navajo se pone a releer su diario y decide ofrecernos, a nosotros los lectores, algunos pasajes escogidos, “exprimidos”, de lo que allí se encuentra. A partir de esa decisión notamos un cambio de tono en el relato, se abandona la primera persona inmediata, próxima a la oralidad que se venía dando en el discurso de Navajo y pasamos a conocer lo que dicen las páginas del diario. Allí, el militar narrador, en primera persona, cuenta las anécdotas que se suscitaron a lo largo del año 1933 alrededor de la excavación de un pozo. Los personajes, incluido el suboficial narrador, forman parte de la línea de zapadores, soldados que se encargan de abrir caminos en la espesura, tender puentes o excavar zanjas. De manera que, más que la referencia al enemigo, o a las batallas que se estaban dando por esas fechas en la guerra, la referencia constante en el relato es a la sed, la verdadera enemiga de esos hombres. Después de recibir la orden de un teniente calificado como “rubio y pequeñito”, de que hay que buscar pozos, los soldados encuentran un “buraco” antiguo, de pocos metros de profundidad, que alguien, no saben quién, comenzó y abandonó. Deciden continuar excavando sobre aquel hallazgo, con la esperanza de encontrar agua, de manera que el pozo, poco a poco comienza a ganar profundidad. Por un momento, la esperanza se afianza en los soldados porque encuentran barro, pero solo resulta ser una capa de arcilla húmeda, más abajo, lo único que encuentran es tierra y más tierra seca. Veinte, treinta, cuarenta metros y nada, el pozo pasa a ser la verdadera guerra de estos soldados, mucho más real que la que se libra en la superficie. En la profundidad los hombres pierden la noción del tiempo, solo sobreviven con sed en una oscuridad perpetua, hasta que algunos comienzan a delirar y a desmayarse por la asfixia. En determinado momento, los paraguayos se enteran que los bolivianos tienen un pozo, lo que desconocen es que está seco. Esto los lleva a atacar, quieren adueñarse del pozo y por ende del agua. Los bolivianos defienden al pozo como algo precioso, como si no fuera estéril y realmente contuviera el preciado y salvador líquido. El combate por el pozo vacío dura cinco horas y deja un saldo de trece muertos entre ambos bandos. Ese enfrentamiento inútil, por un pozo inútil, podría funcionar como una gran metáfora de lo absurdo de esa guerra. La tierra seca y estéril, se termina tragando la vida de aquellos hombres.

Una breve reflexión final
Indudablemente lo que se propuso Céspedes con este relato, fue mostrar la inutilidad y el sinsentido de la Guerra del Chaco. Ese pozo seco, que para lo único que sirvió fue para sepultar a los soldados de ambos bandos, sin duda que es un gran símbolo de esa inutilidad y de ese sinsentido. A la batalla que se libró por el pozo estéril, no la suscitó el deseo de ganar territorio, ni la defensa de una ideología determinada, la suscitó la sed, el instinto de supervivencia y también la estupidez de algunos y la ignorancia de otros.








[1] Entrevista a Augusto Roa Bastos, Palabras de un hombre de América, NUEVO PERIODISMO PUNTO COM, disponible aquí

[2] Galeano, Eduardo. Memoria del fuego, Montevideo, Del Chanchito, 1982.

Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

LA EXCAVACIÓN, CUENTO DE AUGUSTO ROA BASTOS


Una incesante lucha por la libertad y la vida


La guerra, los muertos, los túneles, las víctimas y los victimarios, el complot y la frustrada libertad. La excavación,  uno de los relatos más representativos del Cervantes paraguayo.


Por Fernando Chelle 

El texto elegido para el análisis literario pertenece al escritor paraguayo, Augusto Roa Bastos (Asunción, Paraguay, 13 de junio de 1917 – ídem, 26 de abril de 2005). Se trata de un cuento titulado La excavación, perteneciente al libro El trueno entre las hojas, publicado por la editorial Losada, en la ciudad de Buenos Aires, en el año 1953.
El trueno entre las hojas es uno de los libros más importante de Augusto Roa Bastos, es gracias a él que el autor paraguayo comenzó a ser reconocido internacionalmente. La excavación, el cuento a trabajar, es el quinto de diecisiete relatos que componen la obra. Son textos que abordan temas como la dominación política, el choque cultural, racial y lingüístico paraguayo y la lucha de los individuos por la supervivencia. El trueno entre las hojas, es una obra que se nutre de la literatura oral-popular del Paraguay. A través de los cuentos desfilan personajes sufridos, despojados de libertad y de dignidad. Son hombres violentados, viviendo en medio de la miseria y de la opresión. Roa Bastos, en esta obra, recurre frecuentemente al grotesco como recurso descriptivo, para desde esa perspectiva hiperbólica destacar la miseria y la injusticia. En la mayoría de los relatos, no es el caso de La excavación, una comunidad natural se ve violentada por la llegada de la civilización, frente a esta situación, la comunidad primitiva no tiene otra alternativa que luchar contra la violencia, la degradación y la esclavitud que trae el triunfo civilizatorio. Las diferentes luchas que se ven a lo largo de la obra van a estar marcadas por la esperanza de los desdichados personajes.
En La excavación, un recluso llamado Perucho Rodi, que vive junto a casi un centenar de presos en una celda, se encuentra prácticamente muerto en vida, llevando una existencia miserable. El relato, que hace referencia tanto a las guerras intestinas paraguayas como a la guerra del Chaco y  que muestra las condiciones paupérrimas de la vida carcelaria paraguaya, tiene como tema central la lucha agónica de Rodi por lograr la libertad, y con ella,  la vida. La voz del narrador omnisciente es la que marca la estructura del relato. Comienza la narración en el presente de la acción y luego hay dos analepsis (retrospectiva), una para referirse a las crueles condiciones de vida de los reclusos de la celda 4 (valle-i) y otra que se centra en la operación militar llevada a cabo por el protagonista en la guerra del Chaco.
Líneas generales del argumento
Un ex combatiente de la guerra del Chaco, de nombre Perucho Rodi, se encuentra hacinado con otros presos en la celda 4 (valle-i), un lugar que en situaciones normales solo hubiera contado con ocho reclusos. Todos son presos políticos que están allí desde hace seis meses tras la finalización de una guerra civil. En principio eran ochenta y nueve presos, pero al tiempo del relato ya han muerto diecisiete, nueve por diversas enfermedades, cuatro por las torturas recibidas, dos por tisis y los otros dos se habían quitado la vida. La situación infrahumana que viven los reclusos y el deseo ansioso por recobrar la libertad, los lleva a organizarse para excavar un túnel que les permita escapar de la prisión. Turnándose el trabajo cada cuatro horas, cada día seis hombres avanzan cincuenta centímetros hacia la libertad. Perucho Rodi, el preso protagonista del relato, había sido estudiante de ingeniería y además contaba con la experiencia de haber excavado un túnel anteriormente en la guerra del Chaco. Ahora, con un plato de borde afilado que había servido como un arma mortal para otro compañero de celda, excava el túnel que, según sus cálculos, lo llevaría desde la celda 4 (valle-i) al barranco del río Paraguay.
La situación de encierro, enfermedades, torturas y suicidios que se nos cuentan en este relato es verdaderamente trágica, espeluznante. La celda 4 (valle-i), es un lugar donde los hombres apenas sobreviven sostenidos únicamente por la esperanza de que en algún momento recobrarán la libertad. Al momento de la narración, han pasado cuatro meses de asfixia y trabajo duro, faltan solo unos cinco metros para terminar el túnel, unos veinticinco días de trabajo. El relato de Roa comienza con un desprendimiento de tierra, que al protagonista, en principio, no le parece alarmante. Pero inmediatamente después se produce un segundo desprendimiento que deja enterrada la parte inferior del cuerpo del excavador. Como lectores, con la descripción que hace el narrador de la situación, tomamos conciencia de que Rodi se encuentra definitivamente atrapado y que nada podrá hacer para sortear esa situación. No hay forma de que vuelva a la celda ni que llegue al barranco, porque la distancia todavía es muy larga. El narrador, en un estilo indirecto libre, comienza a mostrar cuales son los pensamientos de Perucho Rodi, que no interpreta con claridad lo que le acaba de suceder. Su deseo imperioso por lograr la libertad lo lleva a confundirse y a tener una desmedida esperanza. A medida que la asfixia avanza el excavador comienza a recordar su etapa de soldado en la guerra del Chaco. Hay en los pensamientos de Rodi una retrospectiva, pareciera como si el túnel que está cavando al único lugar que logra llevarlo es a donde viven sus recuerdos, donde casualmente se encuentra otro túnel. En la guerra del Chaco, que enfrentó a paraguayos y bolivianos, en el frente de Gondra, las trincheras enemigas estaban apenas a cincuenta metros de distancia. Perucho Rodi, junto a otros catorce hombres, cavó en dieciocho días un túnel de ochenta metros, desde la trinchera paraguaya hasta la parte posterior de la retaguardia de los bolivianos. Esto hizo que de esa batalla saliera vencedor, ya que gracias a la estratagema del túnel pudo tomar por sorpresa al enemigo. Los recuerdos de Rodi pasan a convertirse en una alucinación, en un delirio, y el relato adquiere una característica de circularidad. Perucho Rodi, no logra distinguir, o mejor, interpreta que las ochenta y nueve víctimas acribilladas en la noche de Gondra son los ochenta y nueve reclusos de la celda 4 (valle-i). Las caras de aquellos hombres de la guerra del Chaco han pasado a ser las de sus compañeros de celda, y aquel soldado boliviano a quien ametralla, se le parecía tanto a él mismo que lo hubiera tomado por su hermano mellizo.
Perucho Rodi muere asfixiado. El túnel no logra llevarlo a la libertad, ni a él ni a ninguno de sus compañeros de celda, es más, será la excusa y la fachada que utilizarán los guardias de la prisión para terminar con todos los reclusos. Cuando los carceleros descubren el túnel de la celda 4 (valle-i) se inspiran de forma macabra. La noche siguiente al descubrimiento del túnel, los reclusos encuentran el cerrojo de la puerta descorrido. Pese a lo inexplicable de la situación, no sospechan de una posible emboscada. Salen, encuentran todo desierto, franquean una puerta trasera que daba a una callejuela y caen en la trampa. Son eliminados en pocos segundos por un fuego cruzado de ametralladoras. Es una muerte similar a la que sufrieron los bolivianos del frente de Gondra a manos de Rodi y otros soldados paraguayos. 
Los jefes de la prisión pudieron tergiversar la verdad ante la opinión pública, contaban con una explicación satisfactoria de los hechos, pudieron mentir con la verdad. Allí estaba el túnel que nadie quiso examinar y que hacía creíble la versión de que los reclusos habían querido fugarse. El relato se cierra mostrando la invariabilidad de la situación carcelaria, ya que se refiere que el túnel fue tapado y poco después la Celda 4 «volvió a quedar abarrotada», lo que muestra que un ciclo macabro volvió a comenzar.
Una pequeña reflexión
Este es un relato que podríamos calificar como típico de Augusto Roa Bastos. En él está implícita la protesta social, la denuncia por las condiciones de vida de los menos favorecidos, la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la injusticia. Está presente también algo que se dijo al principio de este artículo, la esperanza del desdichado personaje en medio de una situación completamente adversa. La esperanza está presente ya en el hecho de la decisión de excavar el túnel por parte de los reclusos, pero la vemos también en los pensamientos confundidos del agonizante Rodi. Unos pensamientos que no están exentos de culpa porque antes de su muerte Rodi recuerda lo que lo atormenta, las muertes que carga de la guerra del Chaco. La genialidad de Roa está en el juego que establece entre pasado y presente a través de los pensamientos de Perucho Rodi. Este recluso, que se encuentra en el presente de la narración en una situación infrahumana y que es víctima de abusos e injusticias, en el pasado fue el victimario de ochenta y nueve bolivianos a quienes masacró mientras dormían. Visto de esta forma, él también resulta un traidor de la fraternidad humana, por eso se siente culpable. Por eso los ochenta y nueve rostros de los soldados bolivianos del pasado, pasan a ser los ochenta y nueve rostros de los reclusos paraguayos del presente, incluido el propio Perucho Rodi, que se ve reflejado en aquel soldado enemigo a quien abatió con su ametralladora en la noche inolvidable del frente de Gondra.

Artículo perteneciente al libro El cuento latinoamericano en el siglo XX