sábado, 29 de abril de 2017

UN REGALO PARA JULIA, CUENTO DE FRANCISCO MASSIANI


Cuando la inseguridad y el temor ganan
la partida el final siempre
es triste


Un joven enamorado debe elegir un regalo de cumpleaños muy especial para la chica de sus sueños. Con pocos recursos económicos, tendrá que sorprenderla, seducirla, enamorarla. Luego de ver diferentes opciones, se decide a regalarle un pollo, pero al final, el temor le juega una mala pasada.   


Por Fernando Chelle

Un regalo para Julia, es un cuento del escritor venezolano Francisco Massiani (Caracas, 1944), registrado al nacer como François Massiani Antonietti, y conocido popularmente como Pancho Massiani. El relato forma parte del libro Las primeras hojas de la noche (1970), publicado en la ciudad de Caracas por Monte Ávila Editores. Este libro, lo mismo que su otra obra de relatos, la titulada El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes (1975), ha gozado de gran popularidad en su país, desde su publicación. Quizás este hecho radique en que sus relatos, además de estar muy bien escritos, llegan a un amplio margen de lectores. La mayor parte de los cuentos presentan protagonistas adolescentes que se enfrentan por primera vez a los aspectos importantes de la existencia. Por lo general, Massiani, elige como voz narrativa la primera persona, como es el caso del cuento elegido para el estudio, lo que le permite mostrarnos ese lenguaje coloquial, cotidiano, emotivo y por momentos humorístico, del mundo adolescente. Y son precisamente las vivencias de ese mundo, las primeras alegrías y tristezas vitales, las que conforman el material narrativo de sus relatos.
El tema central del cuento es la inseguridad, encarnada en las acciones que lleva adelante el personaje protagonista. En pocas palabras, el argumento es el siguiente: Juan, un joven por demás indeciso y vacilante, se enfrenta a la dificultad de elegir un regalo de cumpleaños para su amiga Julia, de quien está enamorado, aunque no se lo exprese de forma explícita. Su inexperiencia e improvisación lo llevan a elegir como regalo un pollo que al final no se anima a entregar.
Juan, que además de ser el protagonista es el narrador de la historia, elige de los sucesos que vivió en el pasado los elementos que nos va a referir a los lectores. Comienza el relato con una breve reflexión acerca del motivo que va a desencadenar la acción, la elección del regalo para Julia. Luego, en lo que podríamos catalogar como un segundo momento de una estructura interna del relato, refiere la visita que hace a la casa de la chica, una visita previa al día de su cumpleaños, que nos servirá a los lectores para ir conociendo las características de los dos personajes centrales y también las características de Carlos, un personaje únicamente referido en la narración. Este momento se cierra con el acuerdo al que llega la pareja de amigos, de encontrarse al otro día a las tres y media en la fuente de soda. El tercer momento de la estructura interna va a tener lugar al otro día de la visita, o sea, en el día en que se dará el encuentro. Cuenta el periplo de Juan por diferentes sitios y también sus reflexiones, en busca del regalo adecuado. Es aquí donde ve un conejo y de forma inverosímil se le ocurre que el regalo ideal para Julia sería un pollo. Una vez que Juan ya tiene en sus manos el regalo indicado, pasamos al cuarto y último momento de la narración, el más extenso y el de mayor tensión del relato, el momento de la cita en la fuente de soda.
El motivo que va a desencadenar la acción del cuento, y que ocupa las reflexiones del protagonista en los primeros dos párrafos del texto, está presente desde el mismo título de la obra. “Un regalo para Julia”, es un título emblemático, que adelanta la temática central de la narración y que muestra cual será el cometido del protagonista, porque si bien en el título aparece el nombre de la chica, en el relato lo que conoceremos en profundidad serán los procesos psicológicos, el universo personal del joven protagonista. Ni siquiera es necesario que terminemos de leer el primer párrafo del cuento, para darnos cuenta de que está narrado con profunda naturalidad. La voz narrativa, en primera persona, es la del adolescente, que lejos de todo esteticismo elige para expresarse el lenguaje coloquial y cotidiano de los jóvenes venezolanos. Luego de hacer una breve reflexión y consideración acerca de qué sería bueno regalarle a Julia, Juan hace referencia a Carlos, un joven que funcionará en la narración como antagonista, pero que solo aparecerá referido, en ningún momento formará parte de la acción del relato. De todas maneras, Carlos es descrito, a grandes rasgos, como un joven grosero, algo más experimentado que Juan, pero quizá lo fundamental del personaje, lo que más lo caracteriza, es que también pretende ser novio de Julia. No hay una descripción física de este personaje ausente, pero tampoco la hay de Juan ni de Julia, este es un cuento donde hay una prevalencia de los rasgos etopéyicos (psicológicos) de los personajes sobre los rasgos grafopéyicos (físicos).
En la elección de los sucesos que nos va a contar, Juan opta por referirse a la visita que hace a la casa de Julia. Allí los lectores iremos conociendo la personalidad, tanto de Juan, como de Julia. La de él la conoceremos más en profundidad, porque como narrador se irá encargando de mostrarnos cómo es el desarrollo de su pensamiento frente a los acontecimientos. Es un narrador muy directo con el lector, continuamente lo tiene presente y hay momentos en que hasta le explica por qué elige referir determinado hecho, por ejemplo, cuando dice: “Y yo seguía con el tambor. Eso lo cuento para que vean”. Julia se muestra como una muchacha desentendida, pero para nada ingenua, le gusta mostrarse, luciendo poses seductoras ensayadas de antemano. Carlos, el chico antagonista, quien también pretende el amor de Julia, es una gran sombra en los pensamientos de Juan y también como una gran sombra se proyecta en el relato, ya que nunca estará presente en la acción, solo aparecerá referido. Si bien Juan a lo largo del relato nunca dice explícitamente estar enamorado de Julia, hay momentos de la narración que así lo muestran; por ejemplo, este:
Cuando eso pasa, cuando me sonríe, entonces yo aprovecho para verle la boquita, esos dos gajitos de naranja, porque es así: tiene dos gajitos de naranja, y sé por ejemplo que el labio de arriba, cuando se separa del de abajo, parece que le diera miedo dejarlo solo, y entonces tiembla un poquito, no mucho, un poquito solamente y entonces se le acerca y lo acompaña un poco y entonces entre los dos gajitos sale como un juguito que le mancha un poco las arruguitas de los labios y entonces yo siento un mareo y algo como un chicle entre las muelas y ella se me queda mirando y me dice:
 -¿Qué te pasa?
Y despierto. Sé que nunca sería capaz de agarrarle la mano, nunca”.
Ese pasaje, además de agregarle lirismo a la narración, muestra la característica principal de Juan, el temor, la falta de atrevimiento para afrontar las situaciones y llevar a cabo sus deseos.
Como la mayoría de los jóvenes, Juan cuenta únicamente con el dinero que le da su mamá para satisfacer sus necesidades. Con lo que esta le da, sale a buscar el regalo para la muchacha y le termina comprando un pollo, como ya se dijo, algo inverosímil. Quizá la elección radique en que, como Julia pertenece a una familia de buena posición económica, lo sabemos por la cantidad de personal de servicio que tiene en su casa, Juan quiera seducirla con un regalo que no se caracterice por el valor material, sino emotivo. En fin, quizá por eso, por inexperiencia, o por un impulso que le hizo pensar que ese sería un regalo único y especial, es que termina eligiendo el pollo.
Luego de tener en sus manos el regalo deseado, se dirige al lugar donde estaba estipulado el encuentro con Julia a las tres y media de la tarde, a la fuente de soda. Allí pide una merengada de chocolate y se fastidia con el mozo del lugar, quien no deja de mirar cómo se mueve la caja con el pollo. Como son casi las cuatro y la muchacha no hace acto de presencia, decide llamarla por teléfono a la casa. No la encuentra, la mamá de la chica, con quien tiene una breve conversación, le dice que ha salido. Tras fastidiarse nuevamente con el mozo, quien de forma chismosa le pregunta directamente para quien es el regalo, o sea, para quien es el pollo, llega Julia. La llegada de la muchacha es casi cinematográfica, baja de un impresionante Buick negro con un vestido de pepas y se gana todas las miradas de los hombres que estaban en la fuente de soda. El impacto de esa llegada, los celos que siente por las miradas ajenas y los nervios del momento, hacen que a Juan le dé una “vaina”, saque el pollo de la caja y lo esconda en el bolsillo de su chaqueta. Lo primero que le pregunta Julia es si lleva mucho tiempo allí, pero Juan, temeroso, se siente intimidado y miente diciendo que acaba de llegar. De aquí en más, asistiremos a la lucha psicológica, y también física, del protagonista, al verse obligado a enfrentar la situación con el pollo en el bolsillo. Los nervios, el verse forzado a mantener el brazo en la misma posición para que el pollo no fuera a gritar, el tener que contestar al interrogatorio de Julia sobre la caja vacía, son factores que se conjugan y hacen que Juan se termine descompensando. De todas maneras, también en este momento de la narración, Massiani se las ingenia para introducir uno de esos pasajes, casi líricos, con que logra mostrar el enamoramiento del adolescente:
Después se pasó la lengua por la boca, se limpió la manchita de Cocacola que tenía en los labios, y se me quedó mirando sonreída. Inmediatamente comencé a sentirme como perdido. Como levantado del suelo. Lejos y al mismo tiempo muy cerca, tanto, que podía contarle los lunares que tiene en la nariz, esos punticos como marroncitos, como rosados que tiene juntados en la nariz, y mientras más la miraba, ella más se sonreía y yo volaba más lejos de ella, con la sonrisa, sin ella, con la sonrisa sola, flotando en el aire, con su sonrisa de espuma roja, y después que había volado con la sonrisa, la sonrisa regresaba a su cara, le cubría toda su cara y yo me daba cuenta que estaba ahí, frente a ella, y me entraba en el vientre un miedito dulce. Era un miedito como cuando vamos en un auto y de golpe el auto llega a una subida, y cae, y a ti te entra algo, se te abre algo en la barriga, y se te llena la barriga de ese miedo dulce que después sientes que se te escapa y te lo deja como vacío, como con un hambre raro”.
Luego, cuando Julia pregunta insistentemente a Juan qué le sucede, porque nota su descompensación física, éste se fastidia y cambia emocionalmente de forma radical. A partir de ese momento, ya no defenderá a la indefensa Julia, ante el “bocón” de Carlos, sino todo lo contrario. Juan, al sentir que sus sueños se esfuman, piensa en servir en bandeja a la muchacha a su antagonista para que él haga con ella, incluso peores cosas de las que se le habían ocurrido.
La salida de Julia de la fuente de soda es muy similar a como fue su entrada, se va captando todas las miradas con sus movimientos provocadores, se sube al Buick negro y se pierde de vista en la esquina del lugar. Juan no tiene tiempo ni siquiera de reflexionar sobre por qué suceden esas cosas en la vida, porque se le acerca nuevamente el mozo a su mesa para preguntarle si le había dado miedo regalarle el pollo a la chica. No sabe qué hacer, solo atina a meter la cabeza entre los brazos. El mozo se aleja y junto a un gordo que estaba en el lugar comienzan a burlarse de Juan, lo que lleva a que el protagonista de esta historia comience a llorar, al sentir que ya todo está perdido y nada importa. El relato se cierra cuando el muchacho saca el pollo del bolsillo y luego de unas confusas impresiones primarias, descubre aterrado que el animal ha muerto.
UNA ANÉCDOTA, CONTADA POR EL PROPIO MASSIANI, QUE, CREO, VIENE AL CASO
Hace un tiempo, mirando en YouTube algunos videos de, y sobre, Francisco Massiani, me encontré con un testimonio del propio autor, por demás interesante. El video, subido por Juan Carlos Carrano Henríquez, titulado "El día que no conocí a Cortázar", es una grabación que se le hace al autor venezolano en su casa en La Florida (Caracas), donde este cuenta sobre el día en que se fue a encontrar con Cortázar. Allí Massiani refiere que, en marzo de 1969, cuando vivía en París, en el Hotel Wepper, recibió una llamada telefónica del fotógrafo Antonio Gálvez quien le refirió que Julio Cortázar quería conocerlo, porque había leído un artículo suyo en la “Revista Imagen”, titulado “Después de Gálvez”, que le había encantado.
El encuentro se llevaría a cabo un día viernes a las cuatro de la tarde en el apartamento de Antonio Gálvez. Hasta allí se dirigió Massiani, pero, de forma similar a lo que le acontece al personaje de su ficción, no se decide a dar el paso definitivo, no llama a la puerta de la casa y termina volviéndose para su hotel y el encuentro con Cortázar no se da. Me parece muy significativa la anécdota porque es un hecho prácticamente contemporáneo a la ficción de “Un regalo para Julia”, texto publicado apenas un año después de ese acontecimiento. El miedo que embarga a Juan en la ficción es el mismo que embargó a su creador en la realidad.

 Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

DÍA DOMINGO, CUENTO DE MARIO VARGAS LLOSA


Un mundo adolescente

En la lucha de un joven por conquistar el amor, Mario Vargas Llosa nos muestra de forma magistral el mundo de la adolescencia y de la primera juventud. Los grupos de amigos y sus códigos, la angustia, el miedo y la rebeldía, todo se encuentra en este relato de aprendizaje, que muestra como pocos los procesos psicológicos que se dan en esa etapa de la vida tan trascendental para el individuo.

Por Fernando Chelle


Continuando mi recorrido por las ficciones de los distintos cuentistas latinoamericanos, he llegado a Perú. Hace unos meses, en el primero de los dos artículos que dediqué a la escritora brasileña Clarice Lispector, me referí a la dificultad que presentan ciertos países que cuentan con numerosos cuentistas destacados, a la hora de elegir solamente uno para su estudio. Perú es uno de esos casos, y quizá Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 28 de marzo de 1936), el autor elegido para el estudio, no sea tan conocido hoy como cuentista, pero fue precisamente con el relato breve con lo que el hoy premio Nobel peruano entró de lleno al mundo de la literatura. El cuento que elegí para comentar se titula Día domingo, pertenece al libro Los Jefes, publicado en la ciudad de Barcelona en el año 1959 por la Editorial Roca.
Los Jefes es el primer libro publicado por Mario Vargas Llosa, y es su único libro de cuentos, presenta un conjunto de seis relatos breves: Los jefes, El desafío, El hermano menor, Día domingo, Un visitante y El abuelo. Tal como funcionó el libro Los funerales de la Mama Grande, en el caso de Gabriel García Márquez, que fue, al decir de Mario Benedetti, un “trampolín para el gran salto imaginativo” que supuso la escritura de Cien años de soledad, así funcionó el libro Los Jefes, en el caso de Mario Vargas Llosa. Es una obra de características realistas, que presenta temáticas, personajes y ambientes urbanos que serán característicos de las obras posteriores del autor peruano. La obra, que fue galardonada en el año 1958 con el premio Leopoldo Alas, y publicada en 1959 por la Editorial Roca, estaba compuesta por cinco textos, todos los nombrados menos el cuento titulado Un visitante. Este cuento aparece en una segunda edición peruana de 1963 (Populibros Peruanos), la que no incluye el texto titulado El abuelo. La tercera edición, de 1965, también peruana (José Godard Editor), presenta los seis relatos definitivos que se han mantenido en las diferentes ediciones. Las historias que aparecen en el libro, están inspiradas en las propias vivencias del joven Mario Vargas Llosa. Son relatos que transcurren en diferentes lugares del Perú y que el escritor concibió entre los 17 y 21 años de edad. Los protagonistas por lo general son jóvenes de sexo masculino que se reúnen en grupos, esto lo podemos ver no solo en algunos cuentos de esta obra, como en Día Domingo, en Los jefes y en El desafío, sino que también lo veremos en novelas posteriores de Vargas Llosa, como por ejemplo en La ciudad y los perros, en La casa verde y en Los cachorros. La acción de los diferentes relatos del libro gira en torno a un grupo de jóvenes, quienes siempre estarán compitiendo, disputando, en un mundo machista, marcado por el culto al coraje y el desprecio a la cobardía.
Día domingo es un relato que recrea el mundo de un grupo de adolescentes limeños de los años 50, pero sobre todo es un cuento sobre la amistad y sobre el primer amor. En la medida de que la acción del relato transcurre en un lugar concreto y reconocible, sobre todo para los peruanos, también es un relato que tiene un fuerte componente documental e ilustrativo de una época y de unas costumbres.
Líneas generales del argumento
El tema principal de este relato es el enfrentamiento que se establece entre dos jóvenes, Miguel y Rubén, por el amor de una chica llamada Flora. La narración comienza en el momento en que Miguel toma coraje y le declara su amor a Flora. Miguel estaba enterado, por medio del Melanés, un integrante del grupo de amigos denominado los pajarracos, de las intenciones que tenía Rubén, declararse a Flora, con la complicidad de su hermana Martha. Por esta razón, y consciente de que Rubén era el chico más popular del colegio y gran conquistador, tanto por sus atributos físicos como por sus logros como campeón de natación, es que Miguel decide apresurarse, declararle su amor a Flora y ganarle de mano a su duro rival. La joven, si bien no lo rechaza, decide no darle una respuesta en el momento y le dice que lo va a pensar. Cuando Miguel le pregunta si irán al cine esa tarde y Flora le contesta que no podrá ir porque se había comprometido a ir a la casa de Martha, Miguel comienza a planear las estrategias para que el encuentro de Flora con Rubén no se concrete. Lo primero que hace es ir a buscar a Rubén al bar donde se juntaban los pajarracos, grupo de amigos al que pertenecían, tanto él como Rubén. Para tratar de retener a su rival en el bar y frustrar de esa forma el encuentro con Flora,  lo desafía a  tomar cerveza y ver quien resiste más. Rubén, que en un primer momento dijo que no se podía quedar, termina aceptando el desafío. Si bien en esta primera disputa no hay un vencedor, lo cierto es que entre cerveza y cerveza Miguel logra su cometido, retiene a Rubén en el lugar. Pero allí no terminaron las cosas, después de una serie de roces circunstanciales, Rubén desafía a Miguel a nadar en el mar hasta la reventazón, desafío por demás peligroso, ya que están ebrios, es de noche y es invierno. De todas maneras, ambos contendientes aceptan el desafío y deciden jugar su destino en la carrera de natación, donde el perdedor dejará el camino libre al vencedor, quien podrá de esa forma enamorar a Flora sin ningún tipo de obstáculo.
Miguel es consciente de que Rubén es un excelente nadador, pero la presión ejercida por la presencia de los demás pajarracos no le permite rechazar el desafío, sería un acto de cobardía inaceptable. Pero lo que definitivamente lo lleva a aceptar la desventajosa propuesta, es la promesa hecha por Rubén, de que de llegar a salir perdedor ya no se le declararía a Flora. Los competidores se dirigen entonces hacia la playa e ingresan al mar helado, mientras el grupo de pajarracos espera en la orilla. Después de un primer momento donde no parece ocurrir nada relevante, los competidores comienzan a sentir la severidad de las aguas heladas y sus organismos se ven afectados tanto por el frío como por la cantidad de cervezas ingeridas. Miguel comienza a acalambrarse y a perder movilidad, por un momento siente temor, porque no divisa a su rival ni tampoco la orilla. De pronto, escucha la voz desesperada de Rubén pidiéndole ayuda y todo cambia, ese hecho hace que como por arte de magia recupere las fuerzas, ya no piense en sus malestares y ponga todas sus energías en tratar de salvar a su amigo-rival. Va flotando hasta donde se encuentra Rubén mientras recuerda que es común que los náufragos suelan hundir a los socorristas, por eso le aclara a Rubén que lo ayudará pero que le prometa que no lo va a agarrar porque de ser así se podrían llegar a hundir los dos. Como puedo, Miguel logra sacar hasta la orilla a Rubén, donde se encuentra el grupo de pajarracos. Una vez a salvo, Rubén le pide el favor a Miguel de que no cuente a los demás pajarracos lo sucedido en el mar, y este lo acepta. En reciprocidad por ese favor, Rubén admite ante los pajarracos que Miguel fue el ganador de la carrera. Miguel no dice nada, pero respira tranquilo y feliz, consciente de que tiene el camino libre y que dentro de poco la noticia de la carrera llegará a oídos de Flora.
Un mundo adolescente
Si bien el cuento está narrado desde la perspectiva de Miguel, el adolescente protagonista que competirá con Rubén por el amor de Flora, Vargas Llosa eligió para contar la historia, un narrador omnisciente, en tercera persona, que va presentando los acontecimientos de forma lineal, a medida que van sucediendo. De todas formas, en el principio del relato encontramos algunas analepsis (retrospectivas), que permiten al lector conocer sucesos previos al momento de la narración. La historia se comienza a narrar in media res (en mitad del asunto), en el momento en que Miguel le declara su amor a Flora. A partir de allí, iremos conociendo una historia de aprendizaje, relacionada con el encuentro del primer amor, ese que casi siempre tienen lugar en la adolescencia o en la primera juventud. El cuento logra recrear muy bien el clima psicológico que viven los jóvenes en esa etapa de la vida. Es una narración en la que encontramos angustia, miedo, dramatismo, rebeldía, valor, amor. Como lectores, al principio podemos sentir la inseguridad de Miguel a la hora de declarar su amor y luego sentimos su angustia al recibir la contestación de Flora. Seremos testigos también, de la atmósfera tensa que se vive en el bar cuando los jóvenes se desafían y finalmente se enfrentan por alcanzar el amor.
Los personajes están descritos mínimamente. Se le da más importancia a los rasgos psicológicos (etopéyicos) que a los físicos (grafopéyicos), únicamente se lo describe a Rubén como alguien más estilizado que Miguel, de los demás personajes nada se nos dice. Flora, la bella joven que ha enamorado sin proponérselo a Miguel y a Rubén, que es, también sin proponérselo, el motivo que mueve el relato, es un personaje casi decorativo, ya que después de ese breve diálogo del principio con Miguel, no vuelve a aparecer. Los dos personajes principales del relato, Miguel y Rubén, van a presentar cambios derivados de los acontecimientos que se cuentan en la narración. Una vez victorioso de la carrera en el mar, Miguel se hace hombre, al decir del Melanés, recibe gustoso en su espalda las palmadas del triunfo, lejos parece haber quedado aquel muchachito asustadizo, con baja autoestima. El cambio en Rubén es menor, siempre lo vimos seguro de sí mismo, ganador en todos los aspectos, pero al final, después de la derrota, se lo ve más humilde.
Las relaciones entre los jóvenes sí las podemos conocer en profundidad. Se manejan con sus propios códigos y son las relaciones, muchas veces subrepticias, las que llevan adelante la acción del relato. Recordemos, por ejemplo, que Miguel sabía que Rubén se le declararía a Flora, gracias a que el Melanés se lo había dicho. Por su parte Rubén, para llevar adelante su empresa, contaba con la ayuda y complicidad de su hermana Martha. Más adelante en el relato, en el bar, será la presión implícita de la presencia del grupo de amigos lo que llevará a que realmente se concrete el desafío de las cervezas, ya que en un primer momento Rubén había pensado retirarse del lugar. Finalmente, son esas relaciones de amistad juvenil, a veces autoritarias y hasta violentas, las que desencadenan el desenlace de la historia, las que llevan a que los dos jóvenes terminen enfrentándose en una carrera de natación, en pleno invierno, después de haber ingerido grandes cantidades de cerveza. 
Vargas Llosa, además de mostrar de forma magistral el mundo adolescente, fue creando en el relato un suspenso ascendente. La carrera de natación, teniendo en cuenta las condiciones climáticas y el estado alcohólico en el que se presentaron los competidores, llevaba a imaginar al lector el peor de los desenlaces. Pero a último momento, las cosas cambian, el relato da un viraje un tanto inesperado, y se cierra con una frase que muestra inequívocamente un final feliz:
  “Se abría, frente a él, un porvenir dorado”.

Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

CLARICE LISPECTOR Y EL CUENTO (II) El no-estilo del mundo interior


Escritora brasileña de origen judío nacida en Ucrania. Una de las narradoras más importantes del siglo XX en su país y en su lengua. Segunda entrega de un trabajo que recorre su biografía, su obra, sus cuentos, su estilo, y analiza literariamente uno de sus relatos más representativos: Felicidad clandestina
Por Fernando Chelle
“Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente, capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente”.
                                                                                                                 Elena Losada Soler
El presente artículo es una continuación del trabajo iniciado en el número anterior de vadenuevo, sobre la escritora brasileña nacida en Ucrania, Clarice Lispector (Chechelnik, Ucrania, 10 de diciembre de 1920 - Río de Janeiro, Brasil, 9 de diciembre de 1977). Analizaré literariamente el cuento titulado Felicidad clandestina, relato con que se abre el libro homónimo, publicado en la ciudad de Río de Janeiro en el año 1971.
El tema central del cuento gira en torno a la maldad, el sufrimiento moral y la humillación que soporta una niña por parte de una compañera de colegio. La antagonista del relato, una niña gorda, baja, pecosa y de busto enorme, llevada por la envidia, no solo a la protagonista, sino a todas las otras niñas del colegio, emprende una especie de venganza sádica, mezquina y perversa,  gracias a la posesión de un libro ansiado por la protagonista. Esta, a su vez, soporta la humillación y gracias a la constancia y la mediación de la madre de la antagonista, termina venciendo y tomando posesión del ansiado libro.
La estructura del cuento se inscribe dentro de lo que se podría denominar una forma clásica, a saber, comienzo, nudo y desenlace. En un primer momento, la narración se centra en la presentación de los dos personajes principales del cuento, en primer lugar la niña antagonista y luego la protagonista y narradora del relato. También en este primer momento, se adelanta lo que va a ser el centro de interés del segundo momento; el préstamo de libros y el sadismo que se va a ejercer a partir del deseo de la niña de disfrutar de un libro en particular. El segundo momento, el más extenso, se centra en lo que ella llama la “tortura china”, consistente en la búsqueda reiterada del ofrecido préstamo de la obra Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato. La irrupción de la mamá de la dueña del libro en el relato y su actitud frente a la situación que se estaba viviendo, dará lugar al tercer momento y al desenlace de la acción. El momento final, se centrará en las experiencias vividas por parte de la protagonista, a partir de la posesión de la tan ansiada obra. 
UNA MIRADA AL ARGUMENTO Y ALGUNOS COMENTARIOS
Es un cuento en el que se percibe un fuerte componente autobiográfico. Si bien es cierto que la ficción literaria goza de todas las libertades que los autores quieran darle, no hay duda que esa niña mona, delgada y alta es la propia Clarice Lispector cuando vivió en la ciudad de Recife. Este es un relato que muestra la infancia como una etapa de exploración y descubrimiento, de preparación para la vida. Refiere, por un lado,  a la esperanza de la protagonista por obtener el libro, y por otro lado, a la envidia de la niña antagonista, quien humilla y mortifica a su compañera por el simple hecho de considerarla más bella. El comportamiento envidioso y perverso de la antagonista, hace que emprenda una especie de venganza contra ella, como representante de esas niñas estilizadas y bonitas tan diferentes a ella misma:
“Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas (...) Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre”.
La antagonista hija del librero, tiene a su favor el poseer un libro deseado por la narradora, quizá la propia Clarice, Las travesuras de Naricita de Monteiro Lobato, una obra clásica de la literatura infantil brasileña. Con la promesa de prestar el libro, ejercerá toda su maldad, mezquindad y sadismo con la única finalidad de generar humillación y sufrimiento moral. Comienza por decirle que pase por su casa que le prestará el libro, pero pasan días y días y siempre hay una excusa diferente para que el préstamo no se concrete. La perversidad de la hija del librero, radica en el goce que experimenta al humillar y mortificar a la otra niña.
“El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico (...) Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno”.
Vemos como la protagonista, si bien es consciente de la tortura a la cual la están sometiendo, termina yendo con cierto entusiasmo en busca del libro una y otra vez, aunque lo único que recibe son respuestas negativas. El amor a la lectura la hace soportar la humillación, pero al final las circunstancias dan un giro positivo y se ve beneficiada. Un día, la madre de la niña antagonista, que ha visto reiteradamente la presencia de la otra en la puerta de su casa, después de pedir explicaciones, toma consciencia del juego perverso que estaba llevando adelante su hija. Para castigarla, y a la vez premiar a la otra, le entrega el libro, para que lo tenga todo el tiempo que quiera.
"el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.”
Esto es algo espléndido para la víctima del chantaje, significa que no hay restricciones ni limitaciones de ningún tipo. Sin embargo, a diferencia de lo que todos seguramente  pensábamos que la niña iba  a hacer, ponerse a leer de inmediato la obra, ella decide postergar la lectura y disfrutar simplemente de la posesión del libro como objeto. Prefiere jugar con las emociones que le despierta un manejo dilatado de la lectura, no tiene apuro, el libro lo tendrá todo el tiempo que quiera. El relato finaliza sin que la protagonista haya leído la obra, la lectura se transforma para ella en un placer secreto, en una felicidad clandestina. Por otra parte, este cuento, que muestra la infancia como una etapa de exploración y descubrimiento, de preparación para la vida, termina con un párrafo que muestra una especie de superación de la niñez, un tránsito hacia la madurez sexual de la niña protagonista:
“A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante”.

CLARICE LISPECTOR Y EL CUENTO (I) El no-estilo del mundo interior



Escritora brasilera de origen judío nacida en Ucrania. Una de las narradoras más importantes del siglo XX en su país y en su lengua. Este artículo en dos entregas, recorre su biografía, su obra, su cuentística, su estilo y analiza literariamente uno de sus cuentos más representativos: Felicidad clandestina


Por Fernando Chelle

Continuando con mi viaje literario por el cuento latinoamericano, le ha llegado el turno a Brasil. Este país, no presenta las facilidades de Colombia a la hora de elegir un cuentista representativo. Son muchos los autores que podrían haber sido elegidos, pienso en Joaquim Machado de Assis, João Guimarães Rosa, Carlos Drummond de Andrade o el propio Jorge Amado, por nombrar solo algunos de los más representativos de este inmenso territorio. Al final, he decidido trabajar, con un cuento de la gran escritora brasilera, nacida en Ucrania, Clarice Lispector (Chechelnik, Ucrania, 10 de diciembre de 1920 - Río de Janeiro, Brasil, 9 de diciembre de 1977). Elegí para comentar en el presente artículo, el cuento titulado Felicidad clandestina, relato con que se abre el libro homónimo, publicado en la ciudad de Río de Janeiro en el año 1971.
La autora
Clarice Lispector, quien nació con el nombre de Chaiuya Pinkhasovna Lispector el 10 de diciembre de 1920, en Chechelnik, Ucrania, fue una escritora de origen judío. Llegó a Brasil, a la ciudad de Recife, con pocos meses de edad, luego que sus padres emigraron de Ucrania. Cuando la niña contaba con apenas diez años, fallece su mamá. Su veta como escritora, se dejó ver muy temprano en su vida. Comenzó enviando relatos al Diario de Pernambuco, pero se los rechazaron, con la excusa de que eran una mera expresión de sensaciones y carecían de acción narrativa. Esta característica tan temprana, de alguna manera siguió estando presente en su carrera literaria y es una de las particularidades principales de su narrativa. A los catorce años, se traslada junto a su familia a la ciudad de Río de Janeiro, donde estudia la carrera de Derecho y comienza a colaborar en algunas revistas y periódicos. En el año 1943, publica la novela Cerca del corazón salvaje, con la que obtiene el primer reconocimiento de su carrera, el premio Fundación Graça Aranha, al mejor libro del año. En ese mismo año, se casa con un compañero de la universidad, el diplomático Maury Gurgel Valente, con quién vive en diferentes países (Italia, Inglaterra, Francia y finalmente Suiza, donde nace su primer hijo, Paulo. En 1946 publica su segunda novela, O lustre. Clarice, quien tiene una correspondencia casi cotidiana con el escritor Fernando Sabino, se siente infeliz en el extranjero y siente nostalgia de Brasil. Regresa a Río de Janeiro, recién en el año 1949, donde retoma la actividad periodística firmando con el seudónimo de Tereza Quadros. El destino quiso que en el año 1952 tuviera que abandonar nuevamente Brasil y trasladarse a vivir, junto a su marido, a EE.UU, donde al año siguiente nació Pedro, su segundo hijo. Allí vivió siete años y cultivó gran amistad con el también escritor brasilero Érico Veríssimo. Nunca abandonó las publicaciones en medios brasileros, ni las correspondencias con autores como Otto Lara Resende. El reconocimiento literario comenzó a llegarle en el año 1954, con la traducción al francés de Cerca del corazón salvaje, este libro se publicó con una portada del pintor Henri Matisse.  
En el año de 1959, se separa de su marido y regresa a Río de Janeiro, donde comienza una etapa productiva y exitosa. En 1960, publica con gran éxito Lazos de familia, su segundo libro de cuentos. De 1961 es la novela La manzana en la oscuridad y de 1963, la novela que se considera su obra maestra, La pasión según G.H.
En el mes de septiembre del año 1966, la escritora es rescatada de en medio de las llamas, cuando su dormitorio se incendió. Clarice, se quedó dormida con un cigarrillo encendido y esto produjo el fuego. Pasó algunos meses en un hospital recuperándose de las quemaduras, pero le quedaron secuelas que la acompañarían hasta su muerte. Su cuerpo y también su obra van a quedar marcados por este hecho trágico. En el mes de diciembre de 1977, víctima de un cáncer de ovarios, muere en la ciudad de Río de Janeiro, a los 56 años, pocos meses después de la publicación de su última novela: La hora de la estrella.
Los cuentos
El primer libro de cuentos publicado por Clarice Lispector, es una recopilación de seis relatos, donde se pueden apreciar las características por las que fue rechazada en su niñez por el Diario de Pernambuco. Son relatos donde la acción parece quedar de lado y donde se privilegian las sensaciones de los personajes. El libro fue publicado en el año 1952 y se titula: Algunos cuentos.
Como se dijo en el apartado anterior, en el año 1960 publica con gran éxito Lazos de familia, su segundo libro de cuentos. Aquí la autora se centra fundamentalmente en la vida familiar y su individualidad compleja. Su gran amigo en la etapa norteamericana, el escritor brasilero Érico Veríssimo, dijo que este libro es “la mejor colección de relatos desde Machado de Assís”. El siguiente libro de cuentos presenta trece relatos de temáticas variadas y fue publicado en el año 1964, bajo el título: La Legión Extranjera. El siguiente libro de cuentos publicado, es de 1971, se titula Felicidad clandestina. Es un libro intimista, una de las obras más conocidas de Clarice. El cuento homónimo, con que se abre la obra, texto que analizaré en la segunda parte de este artículo, también es uno de los más representativos de la autora, por esta razón es que lo elegí.
En 1974 Clarice Lispector, va a publicar, quizá sus dos libros de cuentos más controvertidos: El vía crucis del cuerpo y ¿Dónde estuviste anoche?, donde se presentan fundamentalmente relatos de tono erótico y sexual. Finalmente, la obra cuentística de Clarice Lispector, se va a completar con el libro titulado La bella y la bestia, una obra que recoge relatos de sus primeros y últimos años y que fue publicada por su hijo en el año 1979.

Características narrativas

Clarice Lispector, alguna vez definió su estilo como un no-estilo. Fue una autora que siempre le dio más importancia al flujo de la conciencia de los personajes, a lo íntimo y psicológico, más que a las acciones narrativas. Esto hizo que algunos críticos compararan su escritura con la de autores como Virginia Woolf o James Joyce. Sus cuentos nos muestran el interior de los personajes, los procesos mentales, las vivencias personales. Siempre en sus historias, lo que sienten  los personajes frente a los acontecimientos, es más importante que los propios acontecimientos. La vida íntima, compuesta por miedos, secretos, deseos, es lo que interesa, los hechos van a importar solamente por lo que logran despertar en los personajes. Dentro de sus relatos encontramos distintos tonos, algunos son eróticos, otros tristes o divertidos, pero siempre transcurren en medio de atmosferas cotidianas, allí es donde vemos las impresiones y sensaciones. Son historias que por lo general transcurren en espacios domésticos, donde se encuentran los acontecimientos familiares, es allí donde los personajes, fundamentalmente mujeres, proyectan lo que tienen en su interior, donde experimentan las emociones. Ese interés por describir las sensaciones, la vida íntima, los anhelos se ve claramente en Felicidad clandestina, el cuento elegido para el análisis. Es un relato que muestra de forma magistral la mirada infantil, los pensamientos, sentimientos y sensaciones de una niña. Un cuento que repara en la crueldad y el dolor, pero también en la alegría y la pasión.  

EL GUARDAGUJAS. Una inquietante espera entre lo absurdo y lo fantástico


Desde una simple sátira sobre el sistema ferroviario mexicano, pasando por una clara crítica al mercantilismo deshumanizante, las vías de El guardagujas, culminan, en la estación alegórica del destino del hombre.


Por Fernando Chelle



El guardagujas[1] es un cuento del escritor Mexicano Juan José Arreola (Ciudad Guzmán, México, 21 de septiembre de 1918 - Guadalajara, México, 3 de diciembre de 2001). Este texto, probablemente el mejor cuento de literatura fantástica escrito en México en el siglo XX, fue publicado por primera vez en el año 1952, forma parte del volumen titulado Confabulario.
Definir el tema central del cuento no es una tarea fácil, porque el gran mérito de este texto es la multiplicidad de interpretaciones que podemos llegar a tener, algunas son más evidentes que otras, pero podríamos decir que en el relato conviven varias líneas interpretativas, si se quiere, todas válidas. Es indudable la sátira sobre el sistema ferroviario mexicano y  la industrialización; la crítica al mercantilismo deshumanizante; la alegoría sobre el destino del hombre; la mirada absurda hacia ciertos sistemas políticos e instituciones sociales.
De forma resumida, podríamos decir que el argumento del cuento es el siguiente:
Un forastero llega agotado, cargando una valija, a una estación desierta. Es la hora exacta en que su tren debe partir. De pronto siente que alguien, que no había visto y que se presenta de forma inesperada, le da una suave palmada. Es un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero, provisto de una pequeña linterna roja, que lo mira con ansiedad. Inmediatamente se entabla un diálogo entre estos dos personajes, donde el forastero le pregunta al recién llegado si ya había salido el tren con destino a T, pero el viejecillo, en lugar de  responder directamente a la pregunta que se le hace, comienza a aconsejar y advertir al forastero sobre distintos aspectos del extraño sistema ferroviario de aquel país. En el extenso diálogo, el viejecillo, que es el guardagujas, contará al forastero una historia inverosímil, fantástica, absurda, sobre las características del sistema ferroviario. Le cuenta que los trenes de aquel país no tienen un itinerario establecido y que pueden llegar a tomar los rumbos más diversos. En ocasiones los trenes son abandonados y los pasajeros una vez que se encuentran desamparados optan por formar nuevos pueblos. Dentro del absurdo, se mantienen las desigualdades sociales en los servicios, ya que si hay un solo riel y los pasajeros pueden llegar a sufrir lesiones, son los de primera clase los que se ubican del lado del riel. En esta realidad fantástica, en ocasiones, los pasajeros deben colaborar con la empresa prestadora del servicio e incluso realizar tareas inverosímiles, como por ejemplo desarmar un tren pieza por pieza y llevarlo de un lugar a otro para suplir la falta de un puente. La empresa todopoderosa, instrumenta una realidad ficticia para darles tranquilidad a los pasajeros haciendo uso de muñecos en lugar de operarios y mostrando imágenes pintadas de paisajes que pasan por las ventanillas y que sirven para suplantar la realidad. La domesticación de los pasajeros por parte de la empresa es total, incluso se han establecido escuelas para que las personas aprendan a convivir armónicamente y puedan pasar la vida dentro de los trenes. A todo esto, el forastero no cuestiona ni pone en duda la realidad absurda y fantástica que se le describe, pero de alguna manera sigue atado a su realidad, la de querer llegar a T, es por eso, que lo único que atina a responder insistentemente es que debe llegar al pueblo de T mañana mismo. En el final del relato, sorpresivamente, aparece el tren, el viejo guardagujas sale corriendo, dando saltos por la vía  y le dice al forastero que ha tenido suerte y que mañana mismo llegará a su destino, pero cuando pregunta nuevamente el nombre del pueblo, el forastero ya no contesta T sino X. Finalmente, el guardagujas desaparece, solo queda de él, el punto rojo de la linterna flotando en el aire, mientras la locomotora se acerca como un ruidoso advenimiento.
Como dije anteriormente, una de las posibles interpretaciones que podemos llegar a tener de este cuento, es la sátira que en él se establece sobre el sistema ferroviario mexicano. En la caótica descripción que lleva adelante el guardagujas, desnuda un desorden brutal por parte de los encargados de llevar adelante esta empresa. Vinculado a esta sátira, se encuentra el tema de la industrialización que estaba sufriendo el país azteca a mediados del pasado siglo. Se podría decir también que el cuento implica una amplia reflexión acerca de las dificultades que conlleva la industrialización en una sociedad. La narración tiene lugar en una época histórica donde el desarrollo tecnológico, vinculado a los medios de transporte y la industria, había llegado para quedarse, y los hombres de la época veían estos avances como la promesa de un mundo de progreso y bienestar. Sin embargo, en la narración de Arreola ese advenimiento de la tecnología y las máquinas parece jugar un papel negativo y deshumanizante en la vida de los individuos. Los hombres, son los que han creado las máquinas para beneficiarse de sus servicios, pero lo que se interpreta a partir de la narración es todo lo contrario, vemos como los hombres viven en un mundo estructurado para las máquinas y se tienen que adaptar para convivir bajo los parámetros que el nuevo tiempo histórico impuso. Esa adaptación y sometimiento a que se ve enfrentado el ser humano, se ve claramente en las palabras del guardagujas, quien en ningún momento cuestiona las nuevas conductas sociales impuestas por la empresa de ferrocarriles, es más, se dedica a elogiar las iniciativas de carácter absurdo que lleva adelante la empresa para establecer el control de los pasajeros y poder imponer sus intereses.  Ese nuevo escenario histórico, tampoco vino a terminar con las desigualdades sociales que imperaban en la sociedad, vemos como siguen existiendo los privilegios y las categorías en el mundo ferroviario.
La crítica al mercantilismo deshumanizante en el texto también es evidente, las relaciones sociales que se establecen en ese mundo y que tan detalladamente describe el guardagujas, muestran como los pasajeros parecen estar de acuerdo con las normas impuestas por la empresa, aceptando de buena gana sus propios tormentos.
También señalé como otra de las interpretaciones posibles de este cuento, la alegoría que se establece con el destino del hombre, donde el viaje en tren, sería comparable al viaje que supone el transcurso por la vida misma, o los distintos viajes que un hombre suele tener por los caminos de la vida. Si seguimos esta lectura, el texto puede querer decir que el individuo deberá resignarse y aceptar las condiciones que se le presenten en la vida, así como el forastero del relato debe resignarse a los destinos inesperados adonde lo puede llevar el tren. Si bien el personaje del relato tiene un boleto con destino a T y por ende espera llegar a esa ciudad, no es para nada seguro que el viaje culmine en ese sitio. De igual manera, pueden llegar a suceder las cosas en la vida de los distintos individuos y la enseñanza que arroja el cuento, desde esta lectura,   parece querer decir, que lo importante es vivir, subir al tren, tratar de disfrutar el viaje y si llegamos al destino que buscamos bien y si no, tendremos que tratar de estar preparados para los posibles desvíos que se puedan llegar a dar en el camino. Los hombres suelen padecer frente a la vida las mismas incertidumbres que padece el forastero del cuento, la soledad, el desaliento, la inseguridad, el desconcierto, pero la vida, como el camino que va a emprender el tren, puede tener inciertos destinos. Siguiendo esta lectura, vemos como todos los hombres en algún momento deben tomar el tren, pero no podrán estar seguros de cuando el tren va a pasar, ni siquiera si va a pasar, aunque hayan  tenido la precaución de comprar el boleto de antemano. Quizá a algunos de nosotros nos termine sucediendo lo que les sucedió a los pasajeros que terminaron fundando la aldea de F, cuando el tren perdió su rumbo, quizá otros lleguen a la estación que esperaban y sin mucho esfuerzo, pero eso, nadie lo puede saber.
Otra lectura, muy próxima a la anterior, nos acercaría al concepto del absurdo, donde el viaje en tren, si bien lo podríamos interpretar como el viaje de la vida, sería también el viaje por la existencia de lo absurdo. No es lógico, ni racional, que el forastero después de haber escuchado las descripciones del guardagujas siga optando por querer abordar el tren y sin embargo no existe ningún tipo de cuestionamiento por parte de este viajero sobre el conjunto de disparates que escucha, él solo quiere llegar a T. Por otra parte, vemos como los demás pasajeros también aceptan las condiciones de la empresa, aceptan tomar trenes que quizá no los lleven a sus destinos, aceptan desarmar un tren y llevarlo de a pedazos a otro lado, aceptan poder morir y ser enterrados en los vagones cementerio, aceptan, en definitiva, el establecimiento del absurdo.
Me parece interesante también, tocar el tema de lo fantástico en este relato, ver como un texto que en un principio se podría inscribir dentro de un contexto realista, poco a poco y a medida que el guardagujas comienza a tener la voz en la historia ese realismo se va perdiendo y le va dejando paso a lo fantástico. Hay en el relato dos discursos bien distintos, por un lado tenemos la historia inverosímil que cuenta el guardagujas, tratando de advertir al forastero sobre las características del sistema ferroviario del país y por otro lado tenemos la historia de este último, que espera un tren con un destino concreto, la ciudad de T. En este sentido, el guardagujas representa lo fantástico, mientras que el forastero representa lo normal, lo verosímil. Al discurso de características fantásticas del guardagujas se opone, no solo lo que dice el forastero, sino la realidad que todos los lectores reconocemos como posible. Todos somos conscientes que el servicio que brindan los trenes responde a una lógica funcional, acordada de antemano e inmodificable, salvo que se informe a los pasajeros de algún cambio inesperado. Lo lógico, lo normal, lo preestablecido, es comprar un boleto y tomar un tren que se dirigirá a un determinado sitio, por vías dispuestas con anterioridad para que todo funcione como se ha proyectado. De manera que lo que cuenta el guardagujas, los lectores, sabemos que no es posible, no se pueden modificar las vías ni el funcionamiento del circuito ferroviario porque esto es algo que ya está establecido y los pasajeros conocen. Sin embargo, la aceptación del forastero de todo lo que se le dice, el no cuestionamiento del discurso del viejo guardagujas, lleva a  que el lector perciba que el relato va a transitar definitivamente por otro terreno y acepte la posibilidad del absurdo. Tanto es así, que este es el discurso que se va a imponer como la nueva verdad dentro del cuento, aunque allí está el forastero repitiendo una y otra vez que mañana debe llegar a T, los lectores ya estamos familiarizados con la lógica del absurdo que representa el viejo guardagujas. Es un cuento que comienza transitando los caminos de lo reconocible como real, luego, claramente da un viraje hacia lo fantástico y sólo al final cae nuevamente en lo reconocible como real cuando se escucha el silbato que indica la llegada del tren. Lo extraño del final, es que cuando el guardagujas pregunta al forastero sobre su destino, este en lugar de responder T, que se correspondería con el discurso realista que había tenido hasta el momento, responde X.
Para finalizar el artículo, me voy a referir brevemente a las claras influencias Kafkianas que se pueden percibir en la lectura de este cuento del mexicano Juan José Arreola. En primer lugar, la espera e incertidumbre que tiene que pasar el forastero de “El guardagujas” es comparable a lo que le sucede al protagonista de la novela “El castillo” del escritor checo Franz Kafka, allí vemos como el protagonista K se ve imposibilitado de entrar al castillo al cual se lo había convocado, a este personaje kafkiano le toca sufrir una espera interminable comparable a la que sufre el forastero de Arreola en la solitaria estación. En otro breve texto de Kafka  “una confusión cotidiana” también podemos ver como los negociantes A y B se citan pero nunca pueden encontrarse. Este tema de la espera o la postergación, Kafka lo aborda también en otro texto breve titulado “Ante la ley” donde un campesino espera toda su vida para que lo dejen cruzar una puerta. Otro rasgo propio de la literatura de Kafka, que se ve en Arreola, es la tendencia hacia lo infinito y lo caótico, esto el autor checo lo abordó en “La muralla china” donde se refirió a ese proyecto interminable y en “El escudo de armas” donde se refirió a la imposibilidad de la construcción de la Torre de Babel. En el cuento de Arreola, lo infinito y lo caótico está presente en las redes ferroviarias y en los innumerables inconvenientes que sufren los pasajeros. Por último, uno de los temas fundamentales de Kafka y que también se puede percibir en “El guardagujas” es el tema del poder indefinible. Este es un tema recurrente en la obra del autor checo donde frecuentemente se describe la realidad de la burocracia y de las grandes compañías todopoderosas, en el cuento de Arreola la empresa centralista que dirige los ferrocarriles es la que detenta un poder ilimitado.


 


[1] Enlace al cuento El guardagujas de Juan José Arreola

Este artículo forma parte del libro El cuento latinoamericano en el siglo XX, del mismo autor.

Julio Cortázar "Continuidad de los parques" (lectura comentada)


En este cuento breve, se encuentran las principales características que hacen del escritor de Rayuela uno de los grandes maestros de la literatura latinoamericana y mundial.

Por Fernando Chelle

Son muchos los aspectos literarios en los que podríamos reparar a la hora de acordarnos de Julio Cortázar, nos podríamos detener en la importancia que tuvo como novelista y en lo que significó su novela dentro de la literatura latinoamericana, en sus ensayos de carácter social, en su poesía y hasta en su función como docente. Abordaré, en cambio, un cuento que apareció publicado en el año 1964 y que forma parte de la segunda edición del libro Final del juego, editado por la Editorial Sudamericana, se trata del cuento Continuidad de los parques.
La elección de este cuento breve, se basa fundamentalmente en que en él podemos encontrar las principales características que hacen del escritor de Rayuela uno de los grandes maestros de la literatura latinoamericana y mundial. En las escasas líneas que comprende el cuento está el maestro de la narración breve, el autor que rompió los moldes, cánones y estereotipos de la literatura imperante en su época, está la transgresión temporal y discursiva, como así también el corte exquisitamente discreto entre lo real y lo fantástico.
El tema central del cuento es la continuidad que se establece entre dos mundos de ficción. El primer mundo, al que podríamos llamar ficción primaria, y que corresponde a la realidad de un hombre que está leyendo una novela, termina por comunicarse con un segundo mundo ficcional correspondiente a los acontecimientos que suceden en la novela que está leyendo. El lugar donde van a converger los mundos es precisamente en los parques, el del lector de la novela (ficción primaria) y el del bosque de la cabaña de los amantes (ficción secundaria), que terminarán fundiéndose, fusionándose, continuándose. De manera que ya en el título del cuento está presente el tema central de la narración.
En cuanto a la estructura externa o formal del relato vemos que está dividido en dos párrafos, que de alguna manera se corresponden con el contenido temático de los mismos. Si bien internamente hay tres momentos en el relato, los dos primeros aparecen juntos en el primer párrafo y el último momento estaría comprendido totalmente en el último párrafo.
El primer momento del relato se centra en lo que llamaré ficción primaria y comprende la presentación del hombre lector y el mundo que lo rodea. Dentro del mismo gran primer párrafo también encontramos el segundo momento, al que llamaré ficción secundaria, y cuyo centro de interés son los acontecimientos de la novela que el personaje lector está leyendo. Por último, en el tercer momento, correspondiente al último párrafo, encontramos el elemento fantástico del relato, la fusión de las dos ficciones.

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes.
Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles.

La intención del autor del relato está planteada desde el principio, le interesa que centremos nuestra atención como lectores activos en aquellos aspectos que hacen a la idea central del cuento, la fusión de dos mundos ficcionales. Es así que elige no brindarnos datos físicos (grafopéyicos) o psicológicos (etopéyicos) del personaje lector, no interesan para la trama del relato, lo único que importa es la funcionalidad del personaje. No obstante esto, el narrador omnisciente y exterior va a ir brindando cierta información de la vida del lector, pero esta va a estar siempre al servicio de la trama. En la primera frase del cuento, y en unas pocas palabras, ya se referencian las dos ficciones, el lector y la novela. Lo importante aquí es centrar nuestra atención rápidamente en la importancia que va a terminar teniendo para este lector la lectura que está realizando. Las referencias que se hacen sobre los negocios urgentes, sobre el apoderado y sobre el mayordomo cumplen una doble función, por un lado, muestran el mundo de riquezas y bienestar que rodea a este lector y por otro lado muestran como este hombre se ocupó de resolver todas las tareas que tenía pendientes antes de ponerse a leer en total tranquilidad. Para los acontecimientos que se van a suscitar en el relato, era necesario que el personaje lector se encontrara totalmente relajado, de forma que la ficción que estaba leyendo lo atrapara completamente. La tranquilidad que le ofrece el estudio que mira hacia el parque de los robles hace de ese lugar el sitio ideal para dejarse envolver por la trama de la novela.

Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos.

En esta breve pero contundente narración, todos los elementos que van a ir apareciendo forman parte del conjunto, no están allí como mero decorado.  Lógicamente que Cortázar al planificar su relato sabía perfectamente la manera en que se daría lo fantástico, la fusión entre los dos mundos de ficción. En este sentido, vemos como hay dos elementos significativos en el pasaje, el sillón de terciopelo verde y el hecho de que el lector se haya ubicado de espaldas a la puerta para no ser interrumpido. Cuando el asesino de la novela, perteneciente a lo que he denominado ficción secundaria, irrumpa completamente en el mundo del lector, lo hará precisamente por esa puerta y lo encontrará de espaldas sentado precisamente en ese sillón. Las bases para que se dé lo fantástico ya están echadas desde aquí, hay un lector que intenta por todos los medios concentrarse y meterse en el mundo de una novela, pero lo extraordinario del caso es que el mundo de la novela se terminará metiendo en el mundo de él.  

Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles.

Poco le costó al lector dejarse seducir por la novela, había buscado el lugar propicio donde leer los últimos capítulos y recordaba perfectamente lo que allí sucedía. Todo su entorno es de una comodidad absoluta y está directamente vinculado con el placer, pensemos en la suavidad del terciopelo, en los cigarrillos al alcance de la mano y hasta en la danza del viento personificado que contribuye con el deleite del momento. La metáfora de irse desgajando línea a línea, por un lado, nos muestra como el lector se iba desprendiendo de su entorno y por otro lado prepara el terreno para que el narrador comience a contar lo que sucedía en la novela. Otro elemento significativo de este pasaje y que también está al servicio del elemento fantástico que se va a establecer en el cuento, es la referencia a la hora del día en que están sucediendo los acontecimientos. En la ficción primaria es el atardecer mientras que en la ficción secundaria se nos va a decir que empezaba a anochecer. Si prestamos atención a las dos ficciones que se van a fusionar en el relato vemos que la hora es la misma, de manera que la continuidad también está presente en este aspecto. 

Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.

Este pasaje es muy importante porque es el que cierra el primer momento del relato. Hasta aquí, hemos asistido a la presentación del hombre lector y su mundo, su entorno. Hemos ido viendo como el escritor ha ido preparando el terreno para ingresar de lleno a la ficción secundaria, a los acontecimientos que suceden en la novela que el lector está leyendo. La primera frase que refiere a la novela es “sórdida disyuntiva de los héroes”, aquí ya estamos en el mundo de la ficción secundaria. Este es un pasaje donde, muy sabiamente, se van a ir alternando gramaticalmente expresiones de los dos mundos ficcionales. Por un lado tenemos un personaje “absorbido”, “dejándose ir”, expresiones que refieren a la ficción primaria, y por otro lado tenemos la “sórdida disyuntiva de los héroes” y el “color y movimiento” de las imágenes que pertenecen al segundo mundo ficcional.
La temática de la novela, por la cual el lector se siente fascinado, absorbido, refiere a un encuentro muy especial. Los personajes de la ficción secundaria están en una disyuntiva, enfrentando una encrucijada, tienen un  dilema que resolver. A su vez esa disyuntiva es calificada de “sórdida”, lo que implicaría algo miserable, perverso, sucio.
Otra anticipación de lo que va a ocurrir a continuación en el segundo momento, es el hecho de que las imágenes de la novela “adquirían color y movimiento” es como si la ficción secundaria comenzara a cobrar vida propia y el lector pasara a ser un mero espectador, de ahí la elección de la palabra “testigo” con que se cierra el pasaje. Para que alguien sea testigo tiene que estar presente en el lugar, y este lector está tan absorbido en lo que está sucediendo en la novela que es como si estuviera viendo lo que está pasando. Por último se refiere el lugar donde se dan los acontecimientos de la ficción secundaria, la cabaña del monte.   

Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada.

Lo primero que notamos al entrar en este segundo momento de la estructura interna del relato es el cambio en el punto de vista del narrador. Los sucesos que se van a ir contando son los que el lector está leyendo y nosotros a su vez como lectores pasamos a ser “testigos” de esas imágenes que por sí solas han adquirido color y movimiento. Aquí se presenta, con más detenimiento, a los héroes que se habían encontrado en la cabaña para resolver esa “sórdida disyuntiva”. Se trata de una pareja de amantes que utiliza este lugar solitario para sus encuentros amorosos, aunque esta vez el encuentro parece tener otra finalidad.  La presentación de los personajes se hace de forma directa, los conocemos por sus acciones y al igual que como sucede con el personaje lector no hay en ellos descripciones físicas ni psicológicas que los caractericen.
La primera en llegar a la cabaña fue la mujer, se la ve desconfiada, prevenida, temerosa por el encuentro. El amante llega lastimado por una rama, lo que muestra la espesura del lugar oculto donde se encuentra la cabaña. Es interesante la escena de vampirismo que se da entre ambos, donde la mujer detiene con sus besos la sangre del amante, aquí la sangre podría funcionar como un elemento simbólico que por un lado refiere a la pasión de los amantes y que por otro lado estaría adelantando el tema de la muerte. El rechazo de las caricias por parte del amante, muestra que este encuentro es muy distinto a los anteriores, es para llevar a cabo algo trascendental, no es un encuentro más. Hay ahí un puñal como símbolo de libertad, un puñal que se va entibiando y una prosopopeya en el concepto de libertad que al igual que un animal espera agazapado el momento de dar su zarpazo final.

Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir.

Se continúa utilizando la prosopopeya o personificación, ahora para atribuir características humanas al diálogo que se está dando en la novela. Este diálogo es “anhelante”, afanoso, deseoso y a la vez se lo compara con la metáfora “arroyo de serpientes” lo que implicaría que es también peligroso, traicionero. Se nos dice que el diálogo corría por las “páginas” y estas páginas no son otras que las del lector, se introduce nuevamente una palabra que hace referencia a la ficción primaria en medio del segundo momento. Es importante que nosotros como lectores no perdamos de vista que los amantes de la cabaña son personajes de una ficción secundaria, el narrador nos lo recuerda haciendo referencia a las páginas de la novela.
La idea de destino está presente en la frase “todo estaba decidido desde siempre”, las acciones que estaban llevando los personajes de la novela y la actitud pasiva de ese lector que está leyendo acontecimientos en los que va a terminar involucrado. Y es que ese “otro cuerpo que era necesario destruir” es el del propio lector. De nada valen los intentos de la mujer para intentar detener a  su amante, era necesario cumplir el objetivo y lograr la libertad  y eso estaba decidido desde siempre.

Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Este es el último pasaje del segundo momento de la estructura interna del relato. Ya todo está listo para que se dé el gran paso final de fusionar definitivamente y fantásticamente las dos ficciones que se han venido desarrollando. Los amantes de la cabaña del monte tienen todo absolutamente planificado para consumar su crimen “coartadas, azares, posibles errores”. En medio de esa minuciosa planificación solo les quedaba tiempo para manifestarse la pasión que los unía.
Otro elemento significativo en el cierre de este segundo momento del cuento, es la referencia a la hora del día en que suceden los hechos. Recordemos que el lector se sentó frente al parque de los robles al “atardecer”, y ahora, los amantes están listos para llevar adelante su empresa cuando “empezaba a anochecer”, de manera que la hora es la misma en las dos ficciones.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto.

De esta manera comienza el segundo párrafo del cuento que coincide con el tercer momento de la estructura interna. Hemos llegado al punto donde se dará definitivamente lo fantástico, donde sucederá lo imposible, donde se mezclarán, fusionarán, continuarán las dos ficciones.
Ahora los amantes se separan físicamente, porque en lo que se refiere a los planes, a los sueños de libertad y al objetivo de cometer el asesinato están “atados rígidamente”. El único instante que quizá no tenía su empleo minuciosamente atribuido era el del amante volviéndose para mirar a su amada correr con el pelo suelto. Es como si la imagen de ella corriendo en plena libertad le diera fuerzas para cometer el crimen que los llevaría a conseguir una libertad mayor.

Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. 

Al comienzo de este análisis literario, cuando definí el tema central del cuento, dije que se trataba de la continuidad que se establecía entre dos mundos de ficción, y que esa continuidad se daba precisamente en los parques que terminaban fusionándose. Pues bien, esos árboles, esos setos y esa alameda que está viendo el personaje de la novela, son precisamente los de la casa del lector.
Los árboles de la cabaña del monte, ficción secundaria, se continúan en estos árboles que llevan hasta la casa del lector, ficción primaria. “La bruma malva del crepúsculo” tiñe toda la escena de carácter fantástico, generando un espacio indefinido donde la continuidad se hace posible.

Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Encontramos aquí estructuras gramaticales que podrían referir alternativamente a los dos mundos ficcionales, pero que ahora han pasado a ser un solo mundo, estamos en el  terreno de lo fantástico, por ejemplo: “Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba”
Este último fragmento es importantísimo porque nos permite establecer el móvil del crimen pasional. Si bien es cierto que en ningún momento del relato se vincula a la mujer de la cabaña con el personaje lector es indudable que ella mantenía una relación sentimental con él. No se nos dice que esta mujer fuera la esposa o la amante del lector, pero es lógico pensar que ese “otro cuerpo que era necesario destruir” para que ella junto con su amante lograran la anhelada libertad fuera el de su marido. Aparte de esto, tenemos aquí suficientes muestras de que ella conocía a la perfección todos los movimientos de la casa. Son las palabras de la mujer las que están presentes en el amante “desde la sangre galopando en sus oídos”, fue ella quien dio las indicaciones a su enamorado y cómplice de como tenía que proceder y de las cosas que se iba a encontrar.
El amante recuerda las palabras de la mujer y las imágenes se van sucediendo, el asesino avanza por la casa hasta llegar al salón. La referencia al sillón de terciopelo verde es el clímax de lo fantástico, mostrando que quien está leyendo la novela es inequívocamente el personaje lector de la ficción primaria. El cuento tiene un final abierto, de todas maneras todo indica que el crimen se consumó y que aquel hombre sentado en un sillón de terciopelo verde estaba leyendo su propia muerte.

Este artículo forma parte del libro El cuento fantástico en el Río de la Plata, del mismo autor.